Por Edith Chávez Ramos
El presidente Donald Trump anunció hace unos días que Estados Unidos podría declarar el estrecho de Ormuz como territorio estadounidense, una vez que termine la guerra con Irán.
Sin explicar qué mecanismo utilizaría para hacerlo, la declaración se produjo mientras Washington y Teherán mantienen una disputa por el control y la reapertura de esta vía marítima estratégica, cuyo tránsito se encuentra severamente reducido por el conflicto; mientras Irán rechaza la pretensión estadounidense y sostiene que mantiene el control del estrecho.
Dicho planteamiento rebasa la confrontación entre ambos países, si se toma en cuenta que el estrecho de Ormuz se encuentra entre Irán y Omán y conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el océano Índico.
También porque antes de la actual crisis, por ahí circularon alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo y según la Administración de Información Energética de Estados Unidos, se calcula que el flujo alcanzó 20.9 millones de barriles diarios durante el primer semestre de 2025, pero cayó a 14.6 millones en el primer trimestre de 2026 como consecuencia de la interrupción del tráfico provocada por el conflicto.
Resulta omiso, en las declaraciones del presidente de Estados Unidos, el marco jurídico y territorial del Estrecho de Ormuz, el cual no es un espacio que pueda convertirse en territorio de un tercer Estado mediante una declaración unilateral, principalmente porque el régimen internacional aplicable a los estrechos utilizados para la navegación internacional reconoce el derecho de paso en tránsito para buques y aeronaves.
Además, las aguas del estrecho están vinculadas territorialmente con Irán y Omán. Al respecto, el Departamento de Estado estadounidense ha sostenido durante la crisis que Ormuz es una vía internacional y que “no pertenece” a Irán, mientras que Naciones Unidas ha reiterado la importancia de preservar el tránsito conforme al derecho internacional.
Trump hace el anuncio de que el estrecho de Ormuz pueda ser propiedad estadounidense después de meses de disputa sobre quién controla el paso marítimo, mientras desde Washington se sostiene que sus fuerzas navales tienen capacidad para determinar qué embarcaciones transitan y ha impuesto un bloqueo alrededor de puertos iraníes.

Por su parte la advertencia militar iraní adquirió dos formas este lunes, cuando Yadollah Javani, subjefe político de la Guardia Revolucionaria Islámica, declaró a la agencia semioficial Fars News y a la televisión estatal IRIB que las Fuerzas Armadas adoptarán una defensa de carácter más ofensivo y advirtió a sus adversarios sobre posibles “sorpresas estratégicas”.
Por separado, un alto funcionario iraní cuya identidad no fue revelada dijo a Reuters que Teherán podría escalar las tensiones en el estrecho de Ormuz y emprender una acción militar para romper el bloqueo naval estadounidense si fracasan las negociaciones.
Asimismo, el impacto no se limita a Estados Unidos e Irán, ya que una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado que circulan por el mundo depende habitualmente de esta ruta, por lo que cualquier interrupción prolongada repercute sobre precios, transporte marítimo, inflación y seguridad energética, particularmente en Asia y Europa.
Un ejemplo de lo que ocurre en la zona es el hecho de que el 16 de agosto sólo cinco buques con mercancías atravesaron el estrecho y ninguno lo hizo el día de hoy, frente a más de 30 durante el fin de semana anterior. El Brent se situaba este lunes alrededor de 88.58 dólares por barril.
Por el momento, además de las tensiones entre Irán y Estados Unidos por la guerra y una disputa sobre la navegación, se ha sumado una propuesta política expresada por el presidente respecto a apropiarse del estrecho de Ormuz y su eventual intento de materializarla enfrentaría las reclamaciones de Irán y Omán y el régimen internacional de los estrechos.
El punto de fondo es que Washington ya no sólo plantea garantizar la navegación por Ormuz, sino que Trump está hablando de una eventual apropiación territorial de una vía marítima cuya importancia económica alcanza a buena parte del sistema energético mundial.

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