Saberes de la tierra
Por Ariadna Cantarell
En México existen diversas plantas que se han utilizado en los hogares por generaciones como remedios funcionales ante dolores estomacales.
Hay malestares que casi todas las familias conocen: una comida que cayó pesada, el estómago inflamado, los gases, un cólico, la sensación de haber comido demasiado. Mucho antes de que existieran los medicamentos de venta libre para cada una de estas molestias, en las cocinas mexicanas ya había plantas destinadas a acompañar la digestión; algunas de ellas crecían en el huerto, otras se compraban en el mercado y muchas pasaban de una generación a otra junto con la manera de prepararlas.
La manzanilla, la hierbabuena, el cedrón y el hinojo forman parte de ese repertorio doméstico que se prepara en té o infusión para los malestares digestivos y, no obstante, no tienen los mismos usos ni actúan de la misma manera, pero comparten algo: su presencia constante en la medicina tradicional para atender molestias relacionadas con el aparato digestivo y otras dolencias.
Sobre el tema, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) hay un espacio particular: la Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana, que documenta estos usos en distintas regiones del país y muestra, además, que las plantas no se emplean de manera idéntica en todas las comunidades: cambian las preparaciones, las combinaciones y hasta la explicación que cada pueblo da al malestar. Veamos sus beneficios.
Manzanilla: la taza que reconforta el estómago
Pocas plantas están tan presentes en la memoria familiar como la manzanilla, primero porque sus pequeñas flores blancas con centro amarillo aparecen en huertos, mercados y cocinas, donde desde hace generaciones se prepara una infusión cuando el estómago necesita descanso.
Su empleo para cólicos, indigestión, vómito, diarrea, empacho, gases, espasmos y diversos tipos de dolor de estómago han sido registrados por la Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana, la cual ha documentado su uso en estados de la costa del Pacífico, el centro del país y Veracruz, una distribución que muestra hasta qué punto la planta se incorporó a las prácticas domésticas de cuidado.

Como dato importante, es de señalar que la manzanilla tampoco es exclusiva de la tradición mexicana, pues su empleo digestivo ha sido estudiado internacionalmente por distintas instituciones como la Agencia Europea de Medicamentos, misma que mantiene una monografía sobre sus flores dentro del área de trastornos gastrointestinales.
Ese reconocimiento no significa que cualquier preparación casera tenga eficacia comprobada para cualquier padecimiento, pero sí muestra que una planta de uso cotidiano también ha sido objeto de evaluación farmacológica.
Hierbabuena: el aroma de la digestión
Hay aromas que forman parte de la memoria de una cocina y la hierbabuena es uno de ellos, basta frotar una hoja entre los dedos para reconocerla en algunas zonas de América Latina. En México suele aparecer en caldos, salsas, aguas y tés, pero su relación con el cuidado del estómago viene de muchos siglos atrás, lo mismo que su una historia documentada, ya que resulta que la multicitada Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana registra referencias a la planta desde el siglo XVI.
El Códice Florentino menciona su uso medicinal y, en ese mismo siglo, el conocimiento sobre las plantas medicinales que circulaba en la Nueva España ya estaba siendo registrado por escrito; tanto así que Francisco Hernández, médico de Felipe II y protomédico general, recorrió la Nueva España entre 1571 y 1577 y registra algunas de las propiedades que se le atribuían a la hierbabuena y a otras plantas.
Con el paso de los siglos, la planta, originaria del Viejo Mundo, se incorporó a la vida cotidiana y a la medicina tradicional de distintas regiones de México, donde adquirió nuevos usos y formas de preparación.

Ha sido la UNAM quien de manera precisa documenta su utilización tradicional para acidez, agruras, indigestión, gastritis, estreñimiento, diarrea, vómito y dolor de estómago, aunque los usos cambian de una región a otra. En Jalisco, Veracruz, Morelos, Michoacán, Estado de México, Oaxaca y Tlaxcala, por ejemplo, aparece de manera destacada en remedios tradicionales contra la diarrea.
Cedrón: una planta que llegó y echó raíces
El cedrón, de hojas alargadas y aroma cítrico, es otro ejemplo de una planta introducida que terminó formando parte de la medicina tradicional mexicana. Originario de Argentina y Chile, se cultiva actualmente en distintas regiones del país y aparece con frecuencia en huertos familiares.
Como parte de la tradición mexicana se prepara principalmente con las hojas y se utiliza para dolor de estómago, gases, vómito, diarrea y cólicos. La UNAM documenta además su presencia entre comunidades mixes, zapotecas y totonacas, donde forma parte de los recursos empleados para distintos padecimientos digestivos.
Su historia recuerda algo importante: la herbolaria mexicana no es estática ni está formada exclusivamente por especies originarias del territorio. También es resultado de encuentros, intercambios y adaptaciones. Una planta puede llegar de otra parte del mundo y, con el tiempo, convertirse en parte de la memoria medicinal de una comunidad.
Hinojo: pequeñas semillas, una larga historia
Por su parte, el hinojo llegó a México desde otras regiones del mundo, pero encontró un lugar propio en la herbolaria nacional. Sus tallos, hojas y frutos tienen un aroma anisado que fácilmente se reconoce y que explica parte de su presencia en infusiones destinadas a aliviar molestias digestivas.
También ha correspondido a la Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana registra su empleo para cólicos estomacales y biliares, gases, indigestión, diarrea, vómito, sensación de inflamación y falta de apetito. El dolor de estómago aparece como uno de sus usos más frecuentes, en particular en comunidades del centro del país.

Su historia también muestra cómo los conocimientos sobre las plantas se fueron enriqueciendo con el intercambio entre culturas, ya que el hinojo no es una planta originaria de México, pero fue incorporado a los huertos y a las prácticas medicinales locales hasta convertirse en parte de la herbolaria cotidiana. La propia documentación de la UNAM recoge referencias históricas a su utilización desde el siglo XVI.
No todas las molestias digestivas son iguales
Que una planta sea conocida tradicionalmente como digestiva no significa que sirva para cualquier problema del aparato digestivo y, esa, es quizá una de las enseñanzas más importantes que podemos recuperar de la propia tradición: conocer la planta también significa saber para qué se utiliza.
En ese sentido, la documentación de la UNAM muestra precisamente esa diversidad. Una misma planta puede emplearse para dolor de estómago en una región y para diarrea en otra; puede prepararse sola o combinarse con otras especies y, en algunos casos, formar parte de prácticas que responden a explicaciones culturales específicas sobre el origen del malestar.
De igual manera el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias también ha documentado la presencia de plantas medicinales en huertos familiares, mercados y traspatios mexicanos; entre ellas manzanilla, hierbabuena y epazote, y destaca que buena parte de este conocimiento se mantiene por transmisión generacional.

Esa continuidad importa porque la herbolaria no vive solo en los libros: permanece en los lugares donde las personas siguen cultivando, recolectando, preparando y compartiendo sus plantas; quizá por eso las plantas más amigables con el sistema digestivo no son necesariamente las más poderosas, muchas veces son las que han acompañado durante más tiempo la vida cotidiana: una taza después de comer, unas hojas tomadas del huerto, una receta aprendida de la abuela y una planta cuyo nombre se reconoce incluso antes de verla.
Escuchar a quienes saben
Hay una sabiduría sencilla en saber qué planta guardar en la cocina y por la cual no hace falta conocer el nombre de cada compuesto para reconocer el aroma de la manzanilla, distinguir una hoja de hierbabuena o preparar un té de cedrón como lo hacía la abuela; ese conocimiento forma parte de una memoria doméstica que rara vez aparece en los grandes tratados, pero que ha permitido conservar durante generaciones una relación cercana con las plantas.
Escuchar a quienes saben también significa recuperar esa experiencia sin convertirla en una receta universal, considerando que cada comunidad tiene su manera de nombrar el malestar, elegir una planta y preparar un remedio. La riqueza está precisamente ahí: en un conocimiento que se ha construido desde la observación de la naturaleza y que continúa transmitiéndose en las casas, los huertos y los mercados.
Botiquín de la tierra
Manzanilla, hierbabuena, hinojo y cedrón forman parte de la herbolaria tradicional utilizada para acompañar distintos malestares digestivos como indigestión, cólicos, gases, sensación de pesadez y dolor de estómago. Cada una tiene una historia y usos particulares, pero las cuatro han encontrado un lugar en la medicina cotidiana de numerosas familias, donde el conocimiento sobre sus propiedades se ha transmitido de generación en generación.
¿Cómo se preparan?
Tradicionalmente se utilizan en infusión, aprovechando según la planta sus flores, hojas o semillas. Se agregan a una taza de agua caliente y se dejan reposar unos minutos antes de colar. Suelen consumirse tibias y, en muchas familias, después de los alimentos. La preparación y la cantidad utilizada pueden variar de acuerdo con la planta y con la tradición de cada región.
Sabiduría popular
En muchas casas mexicanas, manzanilla, hierbabuena, hinojo y cedrón forman parte de esos remedios que se preparan cuando “el estómago no está bien”. Una taza caliente, una planta conocida y el consejo de quien aprendió a utilizarla de su madre o de su abuela forman parte de una memoria doméstica que todavía permanece viva.
Importante
El uso tradicional de manzanilla, hierbabuena, hinojo y cedrón no significa que las cuatro plantas tengan las mismas propiedades ni que puedan utilizarse indistintamente para cualquier problema digestivo. Su seguridad depende también de la cantidad, la forma de preparación y las condiciones de cada persona. Ante dolor intenso o persistente, vómito continuo, sangre en las heces, fiebre, deshidratación u otros síntomas de alarma, las plantas medicinales no sustituyen la valoración de un profesional de la salud.

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