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Geopolítica de los aranceles

Por Edith Chávez Ramos

Las reglas comerciales y los aranceles comienzan a formar parte estratégica de la política exterior de las naciones más allá de la simple lógica del intercambio.

La entrada en vigor de nuevos aranceles estadounidenses para 60 economías volvió a colocar al comercio en el centro de la política internacional toda vez que las medidas, anunciadas por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), establecen gravámenes de entre 10 y 12.5 por ciento bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974 y se justifican por la falta de acciones efectivas contra el trabajo forzoso en las cadenas globales de suministro. 

Recuérdese que la Sección 301 de dicha Ley también faculta al Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) para investigar prácticas comerciales consideradas injustificadas, irrazonables o discriminatorias y, en su caso, imponer medidas de represalia, incluidos aranceles.

Más allá de la controversia jurídica y diplomática que han provocado los nuevos aranceles, reflejan una tendencia de mayor alcance: el comercio dejó de ser únicamente un espacio de intercambio económico para convertirse en un instrumento de política exterior.

No se trata de una decisión aislada. El cambio también puede observarse en la evidencia: en julio de 2026 la División de Estudios Económicos y Estadísticos de la Organización Mundial del Comercio publicó el documento The Global Trade Policy Landscape: Introducing the Global Trade Policy Index, elaborado conjuntamente con especialistas del Fondo Monetario Internacional, en el cual se identifica que la actividad mundial de política comercial alcanzó durante los primeros meses de 2026 su nivel más alto desde la crisis financiera de 2008, impulsada por el aumento de medidas restrictivas como aranceles, subsidios y controles al comercio.

La disputa comercial entre Estados Unidos y China convirtió los aranceles en un mecanismo de presión estratégica; mientras la pandemia evidenció la vulnerabilidad de las cadenas globales de suministro y llevó a numerosos gobiernos a restringir exportaciones de bienes considerados esenciales, al mismo tiempo que la guerra en Ucrania incorporó la seguridad energética a las decisiones comerciales. 

Hoy, estos instrumentos forman parte de una estrategia más amplia en la que convergen política industrial, competencia tecnológica, seguridad económica y relaciones internacionales.

Estados Unidos ha llevado esa lógica a una nueva escala, pues la administración de Donald Trump sustituyó los gravámenes temporales que enfrentaban cuestionamientos judiciales por una táctica arancelaria sustentada en investigaciones de la Sección 301. 

Aranceles, política exterior.
Imagen: Markus Winkler.

El nuevo esquema alcanza a sesenta economías y distingue entre países que cuentan con mecanismos para impedir la importación de bienes producidos con trabajo forzoso y aquellos que, a juicio de Washington, no los aplican de manera efectiva. La decisión confirma que los argumentos comerciales conviven ahora con objetivos vinculados a derechos humanos, seguridad nacional y política industrial.

Hay respuestas internacionales que tampoco obedecen a un único patrón, por ejemplo, China mantiene una política industrial orientada a fortalecer sectores como semiconductores, baterías, inteligencia artificial y vehículos eléctricos; mientras la Unión Europea combina instrumentos comerciales con regulaciones ambientales, entre ellas el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono. En ambos casos, las decisiones comerciales forman parte de estrategias nacionales para preservar capacidades tecnológicas e industriales.

México participa en esta reconfiguración desde una posición singular en la que destaca la Secretaría de Economía al confirmar que las mercancías que cumplen con las reglas de origen del T-MEC quedaron excluidas de la propuesta arancelaria estadounidense derivada de la investigación de la Sección 301. 

La decisión preserva una parte sustancial del comercio regional, pero al mismo tiempo confirma que el acceso preferencial dependerá cada vez más del cumplimiento de requisitos de origen, contenido regional y trazabilidad de las cadenas de suministro.

Al mismo tiempo, el gobierno mexicano ha recurrido a instrumentos arancelarios para proteger ramas específicas de la producción nacional frente a importaciones provenientes de países con los que no mantiene acuerdos comerciales; dato que muestra que la utilización de estas herramientas ya no es exclusiva de las grandes potencias. 

Ante este panorama, ha de reconocerse que, aunque con objetivos y alcances distintos, cada vez más gobiernos incorporan la política comercial dentro de sus estrategias de desarrollo y seguridad económica.

La geopolítica de los aranceles no anuncia el fin del comercio internacional ni el abandono de la globalización, pro sí muestra cómo, de manera significativa, lo que está cambiando son las reglas bajo las cuales ésta se organiza, en un escenario donde los aranceles dejaron de ser un mecanismo exclusivamente fiscal para convertirse en una herramienta con la que los gobiernos negocian influencia, competitividad y margen de maniobra en un entorno internacional cada vez más disputado.

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