Ponle ritmo al corazón
Por el Dr. Bardo Lira
Un infarto no siempre comienza con un dolor intenso, los indicadores pueden variar de una persona a otra. Para actuar a tiempo, es importante reconocer las señales lo antes posible.
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida.
Libro de los Proverbios (4:23), aprox. siglo VIII a.C.
Hay dolores que permiten esperar unas horas para observar cómo evolucionan y hay otros ante los que esperar puede significar perder una parte del músculo del corazón. El infarto agudo de miocardio pertenece a este segundo grupo y se caracteriza porque no siempre comienza con un dolor insoportable ni se presenta de la misma manera en todas las personas.
El infarto agudo de miocardio puede aparecer como presión o molestia en el pecho, falta de aire, sudor frío, náusea, mareo o un cansancio fuera de lo habitual. Precisamente por eso, reconocer las señales y actuar a tiempo puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte.
En México, las enfermedades del corazón ocupan desde hace años el primer lugar entre las causas de muerte. Las Estadísticas de Defunciones Registradas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) muestran que en 2024 fueron la principal causa de defunción en el país, por encima de diabetes mellitus y tumores malignos. La cifra corresponde al conjunto de enfermedades del corazón y no exclusivamente al infarto, pero permite dimensionar el lugar que ocupa la enfermedad cardiovascular en la salud de la población mexicana.
Cabe destacar que a pesar de que en la epidemiología se diferencia la causa de muerte como la última que ocasionó las complicaciones finales, en la mayoría de los casos, al hablar del infarto al miocardio se suman diferentes variantes conocidas como factores de riesgo.
Estos factores de riesgo, al sumarse en el tiempo, dañan las capas internas de las arterias, forman una placa de calcio, grasas y componentes inflamatorios (placa de ateroma), en un proceso bien conocido como aterosclerosis, que al romperse, forma un coágulo que reduce o bloquea el flujo sanguíneo obstruye la arteria, imposibilitando la llegada de oxígeno y nutrientes al tejido, lo que da lugar al infarto (cuando la obstrucción es completa) o angina (cuando hay escaso flujo, pero suficiente para mantener vivo al tejido). Lo mismo sucede en el corazón, el cerebro, el intestino o cualquier otro órgano susceptible. Si la obstrucción persiste, las células empiezan a morir en cuestión de minutos.
Ahí adquiere sentido el título de este artículo. Efectivamente, cada minuto cuenta porque el corazón no deja de necesitar oxígeno mientras la arteria permanece obstruida. Resulta relevante entender, aquí, que el objetivo de la atención de urgencias no consiste sólo en quitar el dolor, sino en identificar rápidamente qué está sucediendo y restablecer el flujo sanguíneo para limitar el daño.
Pensemos en un paciente preciso, de nombre Miguel, de 58 años y habitante de la Ciudad de México, quien comienza a sentir una presión en el centro del pecho mientras camina. Valoremos si se trata de indigestión. Se sienta, espera unos minutos y la molestia disminuye. Más tarde vuelve a aparecer. Es razonable considerar esperar una tercera vez, pero ese comportamiento puede retrasar una atención que necesita comenzar cuanto antes.
Los síntomas de un infarto suelen ser intermitentes y no siempre tienen la intensidad que la gente imagina. La American Heart Association señala que algunas personas presentan síntomas súbitos e intensos, mientras que otras comienzan con molestias leves que desaparecen y regresan.
Un caso documentado por el IMSS en Monterrey muestra cómo puede desarrollarse esta cadena de atención. Salomón, de 68 años, presentó síntomas mientras conducía hacia su casa: taquicardia, falta de aire, sudoración y un dolor en el pecho que se hizo progresivamente más intenso.
Su hija lo trasladó al Hospital General de Zona No. 4, en Guadalupe, Nuevo León, donde los médicos activaron el Código Infarto y notificaron al Hospital de Cardiología No. 34 del Centro Médico Nacional del Noreste. Ya en la sala de hemodinamia se realizó una intervención coronaria percutánea y se colocó un stent para abrir la arteria obstruida.

El procedimiento de angioplastia tomó aproximadamente 15 minutos y el tiempo total desde el traslado inicial hasta la intervención fue de alrededor de una hora. Después permaneció un día en terapia intensiva, cinco días en hospitalización y posteriormente inició rehabilitación cardiaca. El caso permite observar en términos concretos qué significa reducir los tiempos cuando una arteria coronaria está obstruida.
En las mujeres, además, el cuadro puede presentarse de manera menos reconocible. Un estudio realizado en un hospital del IMSS en Guadalajara, que analizó 59 pacientes con infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST tratados con fibrinólisis, encontró que las mujeres representaron 30% de la muestra y tuvieron una edad promedio de 71 años, frente a 60 años entre los hombres.
El estudio no permite generalizar estos resultados a todas las mujeres mexicanas, pero sí muestra una característica importante de la atención de urgencias: las mujeres con infarto no necesariamente llegan con el mismo perfil clínico que los hombres y su reconocimiento exige considerar el conjunto de síntomas y no únicamente el dolor torácico clásico.
Volvamos al registro: la molestia en el pecho es la manifestación más conocida. Puede sentirse como presión, opresión, llenura, compresión o dolor en el centro del tórax y extenderse hacia uno o ambos brazos, la espalda, el cuello, la mandíbula o la parte superior del abdomen; también manifestarse como falta de aire, sudor frío, náusea, mareo, debilidad o una sensación de latidos rápidos o irregulares.
Pero el cuadro no siempre sigue ese patrón. Una mujer, por ejemplo, presentar falta de aire, náuseas, vómito, cansancio inusual o dolor en la espalda o la mandíbula mientras una persona mayor manifestar síntomas menos evidentes; en tanto que alguien con diabetes llega incluso a presentar un infarto con poco dolor o sin el dolor torácico que tradicionalmente se considera característico. La ausencia de un dolor intenso en el pecho, por tanto, no descarta un infarto.
Existen diversos grupos de personas que presentan manifestaciones atípicas para un infarto.
Las mujeres, dada la distribución de algunos nervios sensitivos en el tórax, pueden tener ubicaciones diferentes para sus molestias, como el abdomen alto, la espalda, los omóplatos, los maxilares, o incluso la nuca.
Las personas que padecen diabetes, debido al deterioro de los nervios sensitivos en general, presentan mayor probabilidad de desarrollar infartos asintomáticos. Las personas con diabetes también tienen más probabilidades de desarrollar infarto en áreas del corazón menos sensibles al dolor, como lo es la cara inferior o diafragmática.
Las personas muy jóvenes o de edad avanzada, desarrollan diferentes manifestaciones de índole no cardiovascular: mareo, náuseas, vómito, dispepsia, sudoración, diarrea.
Cuando se presenta un dolor de pecho, es importante identificar signos o síntomas acompañantes que podrían indicar causas diferentes del dolor como lo son sudor frío, falta de aire, náuseas o vómito.
Otro ejemplo permite entender por qué pueden confundirse los síntomas. Una mujer de 62 años manifestó en consulta sentir cansancio repentino, presión en la parte superior del abdomen y falta de aire después de realizar una actividad cotidiana. Si hubiera interpretado el cuadro como indigestión o agotamiento y decidido esperar, el tiempo hubiera jugado en su contra.

Lo anterior no significa que esos síntomas sean necesariamente un infarto, sino que, en determinadas circunstancias, no deben descartarse únicamente porque no exista el dolor torácico clásico.
En urgencias, la primera tarea es determinar rápidamente si existe un problema cardiaco y qué tan grave es y, para ello, es importante tener siempre presente que el electrocardiograma permite identificar alteraciones eléctricas compatibles con determinados tipos de infarto, mientras que los análisis de sangre, en particular la medición de enzimas cardíacas, ayudan a detectar no sólo la lesión del músculo cardíaco, sino también la fase de daño en la que se encuentra el corazón, de acuerdo al tiempo. Dependiendo de los hallazgos, es viable requerir otros estudios y realizar una valoración cardiológica inmediata.
Como objetivo preciso, de lo que se trata es de que, mediante el tratamiento inmediato, se restablezca el flujo sanguíneo y, aquí y cuando las condiciones lo permiten, una de las estrategias principales es la intervención coronaria percutánea, conocida habitualmente como angioplastia, mediante la cual se llega hasta la arteria obstruida con un catéter que atraviesa la obstrucción, se dilata la zona con un globo de angioplastía y para estabilizar la luz de la arteria, se coloca un stent.
Desde hace más de una década, los stents están cubiertos con algún medicamento que inhibe la inflamación de la arteria y su placa de ateroma, lo que reduce considerablemente las probabilidades de que se obstruya nuevamente. Cuando una angioplastia rápida no está disponible, determinados pacientes pueden recibir medicamentos que disuelven el coágulo; sin embargo, la elección depende del tipo de infarto, el tiempo transcurrido, las características del paciente y los recursos disponibles.
Existen casos en los que ha transcurrido demasiado tiempo (24 o hasta 36 horas del inicio de los síntomas), cuando la trombolisis, o el medicamento que fragmenta el coágulo ya no será de utilidad. No obstante, y sin importar el tiempo que haya transcurrido, siempre y cuando se demuestre que haya músculo cardiaco vivo pero con disminución de su circulación, es posible que el cardiólogo decida realizar una angioplastía de rescate.
Resulta interesante observar que en México existe una experiencia importante en este terreno, con un programa que el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) puso en marcha en 2015 llamado Código Infarto, el cual está diseñado como un protocolo destinado a acelerar el diagnóstico y tratamiento de las personas que llegan a sus unidades con un infarto agudo de miocardio.
El objetivo incluye realizar el diagnóstico con rapidez y, cuando corresponde, administrar tratamiento fibrinolítico dentro de los primeros 30 minutos o restablecer el flujo mediante intervención coronaria en menos de 90 minutos.
Los resultados comunicados por el propio IMSS permiten observar qué significa el tiempo en términos concretos y, para ello el Instituto informó en 2025 que, después de diez años de implementación del Código Infarto, la mortalidad de las personas que acudieron a sus unidades y hospitales con síntomas de infarto agudo de miocardio se había reducido 68%, en el contexto de una estrategia orientada a acelerar diagnóstico y tratamiento. Se trata de un resultado institucional del IMSS y no debe extrapolarse automáticamente a toda la población mexicana, pero muestra la importancia que tiene organizar la atención para reducir los retrasos.
Existe también otro dato particularmente ilustrativo: en un informe institucional correspondiente al periodo 2023-2024, el IMSS señaló que, entre los pacientes atendidos mediante Código Infarto, el tiempo para realizar el diagnóstico mediante electrocardiograma se había reducido a menos de 10 minutos; el mismo informe identificó como uno de los principales retos el retraso de las personas para solicitar atención: 29% de los pacientes no recibió tratamiento de reperfusión y el Instituto atribuyó principalmente esa situación a que habían solicitado atención después de más de 12 horas de iniciado el cuadro.
El dato permite entender algo que a veces se pierde cuando se habla únicamente de tecnología hospitalaria: no basta con que exista una sala de hemodinamia si el paciente llega demasiado tarde. El tiempo crítico comienza antes de entrar al hospital, desde que aparecen los síntomas y se decide qué hacer con ellos.

Por esa razón, ante síntomas compatibles con un infarto, no conviene conducir personalmente a la persona si existe la posibilidad de activar un servicio de emergencias; principalmente porque los equipos de atención prehospitalaria pueden comenzar la valoración durante el traslado y coordinar la llegada al hospital; además, una persona que sufre un paro cardiaco durante el traslado puede necesitar maniobras de reanimación inmediatas. La American Heart Association recomienda activar los servicios de emergencia ante signos de infarto, incluso cuando la persona no está segura de que ese sea el diagnóstico.
Señales de alerta
Debe buscarse atención médica de emergencia ante:
- Presión, opresión, llenura o dolor en el centro del pecho que dura varios minutos o desaparece y vuelve.
- Dolor o molestia que se extiende hacia uno o ambos brazos, la espalda, el cuello, la mandíbula o la parte superior del abdomen.
- Falta de aire, con o sin molestia en el pecho.
- Sudor frío.
- Náusea o vómito.
- Mareo, debilidad o desmayo;
- Cansancio inusual o una sensación de deterioro repentino.
En mujeres, adultos mayores y personas con diabetes es particularmente importante no descartar un problema cardíaco solamente porque el dolor torácico no sea intenso o no aparezca de la forma esperada.
Un infarto no siempre llega acompañado de una escena dramática, en ocasiones comienza con una molestia que parece menor, con falta de aire después de una actividad cotidiana o con una sensación que alguien atribuye a indigestión o cansancio. La diferencia puede estar en reconocer que algo no es normal y solicitar atención sin esperar a que el cuadro se vuelva insoportable, complicado o irreversible.
Cuando una arteria coronaria se obstruye, el corazón sigue trabajando mientras recibe cada vez menos oxígeno. La medicina de urgencias puede abrir esa ventana de oportunidad, pero para hacerlo necesita tiempo. En un infarto, llegar a tiempo también es parte del tratamiento.
Fuentes de consulta
- American College of Cardiology, & American Heart Association. (2025, 27 de febrero). 2025 ACC/AHA/ACEP/NAEMSP/SCAI guideline for the management of patients with acute coronary syndromes. Washington, D. C.: American College of Cardiology y American Heart Association. https://www.acc.org/guidelines/guidelines/2025/02/27/17/21/acute-coronary-syndromes-2025
- American Heart Association. (2024, 12 de diciembre). Warning signs of a heart attack. Dallas, TX: American Heart Association. https://www.heart.org/en/health-topics/heart-attack/warning-signs-of-a-heart-attack
- Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2025, 8 de agosto). Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR) 2024. Reporte de resultados 26/25. Aguascalientes: INEGI. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2025/edr/EDR2024_RR_ene-dic.pdf
- Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). (2025, 24 de febrero). Código Infarto del IMSS: 10 años de salvar vidas y optimizar procesos médicos en favor de la población. Ciudad de México: Instituto Mexicano del Seguro Social. https://www.imss.gob.mx/node/110395
- Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). (2025, 12 de febrero). Salvan especialistas del Hospital de Cardiología No. 34 de Monterrey a paciente de 68 años a través de Código Infarto. Ciudad de México: Instituto Mexicano del Seguro Social. https://www.imss.gob.mx/node/110363
- Organización Mundial de la Salud. (2026, 10 de septiembre). Heart attack. Ginebra: Organización Mundial de la Salud. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/heart-attack

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