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Crisis y transformación del sistema de partidos políticos

Por Miguel Ángel López Flores

El sistema de partidos políticos ha sufrido grandes y profundos cambios en su composición a lo largo de los últimos 30 años. Hoy, se habla de crisis.

Durante buena parte de las últimas tres décadas, hablar del sistema de partidos mexicano significaba hablar de tres grandes fuerzas: PRI, PAN y PRD; esa estructura fue el resultado de la apertura política que acompañó la transición democrática y de una competencia electoral en la que ninguna fuerza podía garantizar por sí sola la permanencia en el poder, hasta que la llegada de Morena modificó ese equilibrio de manera profunda. 

Desde 2018, el sistema mexicano dejó de organizarse alrededor de aquel tripartidismo y comenzó a desarrollar una nueva configuración cuyo rasgo más visible es la posición predominante de Morena, acompañada por partidos aliados y por una oposición que todavía no encuentra una estructura equivalente de competencia nacional.

Los resultados electorales permiten observar la magnitud de la transformación, pues en la elección de diputaciones federales de 2024, Morena obtuvo 40.84 por ciento de la votación, seguido por PAN con 16.90, PRI con 11.14, Movimiento Ciudadano con 10.93, PVEM con 8.40 y PT con 5.47 por ciento. El PRD alcanzó apenas 2.44 por ciento y perdió su registro nacional al no alcanzar el mínimo legal de 3 por ciento.

El dato más significativo no es solamente el crecimiento de Morena, sino el desplazamiento de las fuerzas que durante años estructuraron la competencia. El PRI pasó de obtener 39.1 por ciento de los votos para diputados en 1997 a 11.13 por ciento en 2024. 

El PRD, que en 1997 había alcanzado 25.7 por ciento, llegó a 2.43 por ciento en la última elección federal y perdió el registro. Morena recorrió el camino inverso: apareció en 2015 con 8.4 por ciento y nueve años después alcanzó 40.8 por ciento. Movimiento Ciudadano también modificó su posición: pasó de 6.4 por ciento en 2015 a 10.9 por ciento en 2024.

Estas cifras permiten hablar de una crisis de representación de los partidos tradicionales, pero sería insuficiente describir el fenómeno como una desaparición del pluralismo, porque el comportamiento electoral mexicano se ha vuelto más complejo. 

Crisis y transformación del sistema de partidos políticos

Al respecto, el politólogo Willibald Sonnleitner, investigador del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México, sostiene que el “tsunami electoral” de 2018 desarticuló las bases del antiguo tripartidismo mexicano, pero no produjo un país dividido en dos bloques homogéneos. Su análisis de los 300 distritos federales muestra que, mientras Morena consolidó una expansión territorial de gran alcance, persisten configuraciones regionales y locales que mantienen un sistema de competencia mucho más fragmentado de lo que sugiere la narrativa de una polarización absoluta.

Entonces, se observa que la geografía electoral no se redujo a dos bloques perfectamente definidos y aquí la paradoja es importante: México tiene hoy una fuerza nacional claramente dominante y, de manera simultánea, espacios electorales donde la competencia continúa siendo plural. Investigaciones recientes sobre las elecciones de 2024 han planteado este debate: algunos elementos apuntan hacia un sistema de partido predominante, mientras que otros muestran que la competencia distrital conserva características de pluralismo.

No obstante, el cambio también puede observarse en las organizaciones partidistas y aquí vale la pena observar que, al cierre de la verificación del padrón de afiliados realizada por el Instituto Nacional Electoral (INE) en 2026, Morena acreditó 11.63 millones de afiliaciones válidas; el PVEM, 1.06 millones; el PRI, 819 mil; el PT, 591 mil; el PAN, 366 mil y Movimiento Ciudadano, 319 mil. La diferencia entre estas cifras muestra una concentración considerable de la militancia formal en Morena, aunque afiliación y voto no son equivalentes y no deben confundirse como medidas idénticas de respaldo electoral.

La crisis de los partidos tradicionales tampoco significa que sus estructuras hayan dejado de tener relevancia. PAN y PRI conservan presencia territorial, representación legislativa y capacidad de competir en distintas entidades. Movimiento Ciudadano, por otra parte, ha construido una posición diferenciada respecto de los bloques encabezados por Morena y por el PAN–PRI. PT y PVEM han aumentado su capacidad de negociación dentro de las coaliciones, aunque su desempeño electoral nacional ha estado estrechamente relacionado con sus alianzas. El sistema actual, por ello, no puede explicarse sólo como una sustitución del PRI por Morena.

Existe otro fenómeno que obliga a mirar más allá de los seis partidos que participaron en 2024, esto es, desde julio de 2026, Somos y Partido PAZ tienen registro como nuevos partidos políticos nacionales. El INE formalizó el inicio de sus actividades el 1 de julio y modificó las pautas de radio y televisión para incorporarlas al sistema de prerrogativas, con lo que el proceso electoral de 2027 será el primero en el que estas dos fuerzas competirán nacionalmente.

Su aparición resulta significativa porque demuestra que el sistema no está cerrado a nuevas organizaciones, ya que la legislación establece requisitos elevados para obtener registro nacional: las organizaciones deben acreditar una estructura territorial mínima, realizar asambleas y contar con al menos 256 mil 30 afiliaciones, además de cumplir las demás condiciones previstas por la Ley General de Partidos Políticos. Somos y PAZ consiguieron superar ese proceso; su verdadero desafío comienza ahora, porque obtener el registro y construir una fuerza electoral son procesos distintos.

Respecto al sostenimiento financiero de los partidos también es un elemento que permite observar la dimensión institucional del sistema. Para 2027, el INE aprobó un financiamiento público federal de 10 mil 842.7 millones de pesos para los partidos políticos nacionales y candidaturas independientes. 

De esa cantidad, 7 mil 879.3 millones corresponden a actividades ordinarias de los partidos y 2 mil 363.8 millones a gastos de campaña; mientras la existencia de este financiamiento responde a una fórmula constitucional y legal vinculada al padrón electoral y a otros factores establecidos en la legislación.

Aquí aparece una de las grandes contradicciones del sistema, porque los partidos son instituciones constitucionales indispensables para canalizar la representación política, pero su legitimidad social depende de su capacidad para representar intereses reales, formar cuadros, construir propuestas y competir electoralmente. La existencia de prerrogativas económicas garantiza condiciones materiales para su funcionamiento; no garantiza por sí misma que una organización conserve relevancia social.

Entonces, la crisis no es solamente electoral, se impone en identidad, representación y organización, por la simple y sencilla razón que el debilitamiento del PRI y del PRD no se explica solo por haber perdido elecciones; detrás existe una transformación de las identidades políticas que durante décadas dieron sentido a sus bases sociales. Morena ocupó parte de ese espacio con una organización inicialmente construida alrededor de un liderazgo político nacional y transformada más tarde en una estructura partidista con presencia territorial y gubernamental. 

Estudios recientes han identificado precisamente el paso de Morena desde una organización emergente, hasta una fuerza dominante del sistema. Aldo F. Ponce, en un capítulo publicado por Oxford University Press en 2024, describe el debilitamiento del sistema de partidos mexicano y el rápido ascenso de Morena a una posición dominante después de las elecciones de 2018. 

Más recientemente, Reynaldo Yunuen Ortega Ortiz, investigador de El Colegio de México, analizó las elecciones de 2024 y encontró que Morena pasó de representar apenas 3% de la militancia partidista en 2015 a concentrar 36% en 2023 y 40.8% del voto para diputaciones federales en 2024; el autor identifica este proceso como parte de un realineamiento político y señala que, para 2023, Morena ya había sustituido al PRI como partido predominante en términos de afiliación. 

El PAN enfrenta otro tipo de desafío: conservar una identidad política propia y, al mismo tiempo, competir dentro de un escenario donde las alianzas pueden ser necesarias para ampliar su presencia electoral. El PRI enfrenta la reducción de su peso electoral y territorial. Movimiento Ciudadano ha encontrado un espacio diferenciado que le permitió crecer en 2024, pero todavía tiene que demostrar hasta dónde puede convertir ese crecimiento en una estructura nacional estable. PT y PVEM, por su parte, han incrementado su capacidad de negociación a partir de sus alianzas con Morena, pero precisamente por ello enfrentan la tensión entre conservar autonomía partidista y participar en una coalición dominante.

Tampoco el reacomodo es exclusivamente nacional, pues la elección de 2027 renovará las 500 diputaciones federales y concurrirá con elecciones locales en las 32 entidades. La competencia territorial permitirá observar si la predominancia nacional de Morena se reproduce de manera uniforme o si persisten espacios donde PAN, PRI, MC, PT, PVEM y las nuevas fuerzas pueden construir posiciones 

Ahora el sistema mexicano habrá de determinar si esta transformación producirá partidos más representativos y competitivos o estructuras cada vez más dependientes de liderazgos, coaliciones y recursos públicos; cuestión que no puede resolverse solamente observando quién gana elecciones, requiere analizar la capacidad de los partidos para generar representación, democracia interna, renovación de cuadros, presencia territorial y propuestas capaces de conectar con una sociedad cuya relación con las instituciones políticas también está cambiando.

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