Por el Dr. Julian Ramírez Bello
La amibiasis es una enfermedad que sigue representando retos para la investigación médica. En México existen regiones donde representa un problema de salud pública.
¿Sabías que una infección intestinal puede permanecer silenciosa durante años sin producir síntomas y, en una proporción menor de personas, convertirse en una enfermedad capaz de destruir tejido intestinal o llegar hasta el hígado?
Así es, y resulta que esa diferencia frente al mismo microorganismo constituye uno de los principales enigmas de la amibiasis, una enfermedad causada por el protozoo Entamoeba histolytica y todavía presente en México. La investigación actual intenta explicar por qué algunas personas permanecen asintomáticas mientras otras desarrollan formas invasoras.
Principalmente, la infección por amibiasis se adquiere al ingerir agua o alimentos contaminados con materia fecal que contienen quistes del parásito, aunque también puede transmitirse cuando una persona lleva a la boca microorganismos procedentes de superficies o manos contaminadas; lo cual provoca que, una vez ingeridos, los quistes liberen las formas activas del parásito en el aparato digestivo, donde pueden permanecer en el intestino o, en determinados casos, invadir los tejidos.
Una característica que complica un problema de salud es que la mayoría de las personas infectadas por amibiasis no desarrollan una enfermedad grave, tan esa así que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estiman que aproximadamente entre 10% y 20% de las personas infectadas por Entamoeba histolytica enferman, el resto permanece sin síntomas.
Sin embargo, cuando aparecen síntomas, pueden incluir diarrea, dolor y cólicos abdominales a grado tal que las formas invasoras suelen producir disentería con sangre en las heces y fiebre. En casos menos frecuentes, el parásito atraviesa la pared intestinal y alcanza el hígado, donde puede formar un absceso hepático amibiano.
Aquí aparece una de las distinciones más importantes de la investigación parasitológica, ya que durante mucho tiempo, observar una ameba al microscopio era suficiente para atribuirle la enfermedad; pero la Entamoeba histolytica puede confundirse morfológicamente con otras especies, en particular con Entamoeba dispar, que es mucho más frecuente y no suele producir enfermedad. La utilización de técnicas de biología molecular permitió distinguirlas y modificó de manera importante la comprensión de la epidemiología de la amibiasis.
México y la epidemiología molecular
México ocupa un lugar muy interesante en esta investigación gracias a que, entre otros investigadores, la doctora Cecilia Teresa Ximénez García, investigadora de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha dedicado buena parte de su trayectoria al estudio de Entamoeba histolytica y Entamoeba dispar y de la relación entre el parásito y su hospedero.
Cabe destacar que su grupo fue pionero en el país en el desarrollo de herramientas moleculares para diferenciar genéticamente las amibas patógenas de las no patógenas mediante técnicas como la reacción en cadena de la polimerasa (PCR).
Este cambio tecnológico fue mucho más que una mejora diagnóstica porque permitió comenzar a estudiar las diferencias genéticas entre los parásitos y buscar respuestas a una pregunta fundamental: ¿por qué algunas personas infectadas desarrollan enfermedad invasora y otras permanecen asintomáticas?

Las líneas de investigación del grupo de Ximénez García incluyen con precisión la epidemiología molecular, la genética de poblaciones y evolución de Entamoeba histolytica y Entamoeba. dispar, así como la expresión de genes asociados con la patogenicidad del parásito.
En ese marco, los registros disponibles del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica (SINAVE) muestran que la amibiasis intestinal continúa presente en México durante 2026. Uno de los cortes oficiales disponibles, correspondiente a la semana epidemiológica 8 y al periodo del 22 al 28 de febrero de 2026, contabilizó 9,529 casos acumulados en el país, frente a 10,285 registrados durante el mismo periodo de 2025, lo que representa una disminución de aproximadamente 7.3%.
El comportamiento, sin embargo, no es homogéneo entre las entidades federativas, por lo que el seguimiento epidemiológico permite identificar diferencias territoriales en la presencia de la enfermedad.
La investigación mexicana también ha demostrado que la enfermedad no se distribuye de manera uniforme, como lo señala un análisis publicado en 2025, basado en los registros del SINAVE correspondientes a 2014–2023, el cual encontró que la amibiasis continúa representando un problema de salud pública en México, aunque su prevalencia mostró una tendencia descendente durante ese periodo. Persisten, sin embargo, zonas con mayor concentración de casos y diferencias regionales asociadas con condiciones socioeconómicas y sanitarias.
El absceso hepático amibiano constituye una de las complicaciones más importantes del cual reporta el análisis de la vigilancia nacional entre 2014 y 2020 que se identificó mayor incidencia en entidades como Sonora, Sinaloa, Nayarit, Colima y Zacatecas, con mayor número de casos entre hombres de 24 a 44 años.
Investigaciones posteriores, que ampliaron el periodo hasta 2023, encontraron que Colima, Nayarit, Sinaloa, Sonora y Oaxaca permanecen entre los estados con prevalencias elevadas.
Estos datos muestran que hablar de amibiasis en México no significa referirse solo a una infección intestinal adquirida por consumir agua o alimentos contaminados, sino que, entre otras cosas, existe una dimensión territorial, social y biológica que determina la posibilidad de exposición, pero también la evolución de la enfermedad.
Cuando el parásito y el organismo se encuentran
La biología y la medicina han permitido ampliar todavía más esta perspectiva y asegurar que la enfermedad no depende exclusivamente de las características del parásito, también intervienen la respuesta inmunitaria de la persona, las características genéticas del hospedero y las interacciones con otros microorganismos presentes en el intestino.
Investigaciones desarrolladas en México han estudiado, por ejemplo, la expresión de moléculas de Entamoeba histolytica relacionadas con su capacidad de producir daño en tejidos humanos. Al respecto, el laboratorio de Ximénez García mantiene modelos experimentales con tejido intestinal y hepático humano para estudiar la interacción entre el parásito y las células del organismo, así como los mecanismos asociados con la patogenicidad.

Resulta particularmente importante esta línea de investigación, porque la microbiota intestinal también puede participar en la interacción entre el parásito y su hospedero; es decir, la presencia de otros microorganismos puede modificar el ambiente intestinal y, potencialmente, influir en el desarrollo de la enfermedad. La propia investigación en México ha señalado que todavía existen preguntas abiertas sobre la relación entre Entamoeba histolytica, otros patógenos intestinales y la microbiota.
Por otro lado, el diagnóstico representa otro desafío, debido a que la observación microscópica de las amebas puede ser insuficiente para distinguir Entamoeba histolytica de especies morfológicamente similares; razón por la cual, cuando está disponible, la identificación mediante técnicas moleculares puede proporcionar información más precisa.
Esta diferencia no es menor: confundir una especie no patógena con Entamoeba histolytica puede conducir tanto a una estimación incorrecta de la frecuencia de la enfermedad como a tratamientos innecesarios.
La buena noticia es que la amibiasis tiene tratamiento, gracias a que los antiparasitarios”, “antiprotozoarios” o “amebicidas” utilizados contra Entamoeba histolytica son eficaces, aunque el esquema depende de si existe enfermedad intestinal, infección asintomática o una forma invasora. Por ello, un diagnóstico médico adecuado es indispensable y no resulta recomendable tratar cualquier episodio de diarrea como si fuera necesariamente amibiasis.
¿Qué podemos hacer?
La prevención comienza con medidas sencillas dirigidas a interrumpir la transmisión:
- Lavarse cuidadosamente las manos con agua y jabón después de ir al baño o cambiar pañales y antes de preparar o consumir alimentos.
- Consumir agua potable y evitar agua de procedencia desconocida.
- Lavar de forma adecuada frutas y verduras, y extremar las precauciones cuando se viaje a lugares con condiciones sanitarias deficientes.
- Evitar alimentos y bebidas cuya preparación o manejo no garantice condiciones adecuadas de higiene.
- Consultar a un profesional de la salud ante diarrea persistente, sangre en las heces, fiebre o dolor abdominal importante.
- No automedicarse ni asumir que cualquier infección intestinal corresponde a Entamoeba histolytica; el diagnóstico diferencial es fundamental.
La amibiasis demuestra que una enfermedad aparentemente conocida puede esconder una enorme complejidad biológica. Distinguir especies prácticamente idénticas al microscopio, identificar las características genéticas de los parásitos, estudiar la respuesta del organismo y comprender la interacción con la microbiota son pasos que están transformando la investigación sobre esta infección.
En México, buena parte de ese conocimiento se ha construido desde nuestros propios centros de investigación. La pregunta ya no es solamente cómo eliminar al parásito, sino por qué en algunas personas produce enfermedad invasora y en otras no. Responderla puede abrir nuevas posibilidades para mejorar el diagnóstico, la prevención y el tratamiento.
Referencias
- Antonio-Campos, A., Farfán-Pira, K. J., Díaz-Fonseca, A. D., Ochoa-Velasco, C., Hernández-Carranza, P., & Torres-Cifuentes, D. M. (2025). Amebiasis in Mexico, 2014–2023. Emerging Infectious Diseases, 31(2), 359–362. https://doi.org/10.3201/eid3102.241507
- Centers for Disease Control and Prevention. (2025). Acerca de la amebiasis.
- Conde-Bonfil, M. del C., & De la Mora-Zerpa, C. (2001). Entamoeba histolytica: un desafío vigente. Salud Pública de México.
- Ximénez, C. (2006). Epidemiology of amebiasis in Mexico: A molecular approach. Archives of Medical Research, 37(2), 263–264. https://doi.org/10.1016/j.arcmed.2005.09.005
- Ximénez García, C. T. (2013). México, país endémico de amibiasis. Universidad Nacional Autónoma de México.
- Ximénez García, C. T. (2011). Expresión in situ de moléculas de Entamoeba histolytica asociadas a patogenicidad en el humano: utilizando un modelo ex vivo intestinal y hepático. Universidad Nacional Autónoma de México.
- Valenzuela Antelo, O. (2008). Polimorfismo genético de Entamoeba histolytica en muestras de heces y del aspirado de abscesos hepáticos amibianos, en el Estado de Sonora [Tesis de doctorado, Universidad Nacional Autónoma de México].
- Epidemiology of the first seven years of national surveillance of amoebic liver abscesses in Mexico. (2022). Journal of Clinical and Experimental Hepatology.

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