Por Ariadna Cantarell
Pericón, la flor amarilla que une la medicina tradicional mexicana con la ciencia
Cada final de septiembre, cuando los campos comienzan a teñirse de amarillo intenso, miles de plantas de pericón anuncian la llegada del otoño en distintas regiones de México donde, para muchas comunidades, no se trata solo de una flor silvestre, porque sus hojas aromáticas perfuman infusiones, sus flores forman parte de antiguas ceremonias y sus propiedades medicinales han sido transmitidas de generación en generación como parte de un conocimiento que ha sobrevivido al paso del tiempo.
Mucho antes de que la ciencia comenzara a estudiar sus compuestos, el pericón ya ocupaba un lugar en la medicina tradicional de los pueblos originarios de México. Conocido como yauhtli entre los nahuas, era una planta apreciada no sólo por sus propiedades medicinales, sino también por su presencia en ceremonias, ofrendas y prácticas comunitarias; por lo que su historia forma parte de un conocimiento construido durante siglos mediante la observación paciente de la tierra, la experiencia cotidiana y la transmisión oral entre generaciones.
Originario de México y Centroamérica, el pericón (Tagetes lucida Cav.) pertenece a la familia de las asteráceas y crece de manera silvestre en bosques templados, laderas y zonas agrícolas de buena parte del territorio nacional; con un aroma parecido al del anís, lo cual hizo que en distintas regiones recibiera nombres como hierba anís, anisillo o Santa María, aunque su nombre indígena ha permanecido como testimonio de su profundo arraigo en la cultura mesoamericana.
La Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana, desarrollada por la Universidad Nacional Autónoma de México, documenta que el pericón continúa utilizándose en numerosas comunidades para aliviar molestias digestivas como dolor de estómago, cólicos, empacho, diarrea y sensación de pesadez después de los alimentos. También registra su empleo en otros malestares y en prácticas ceremoniales que forman parte del patrimonio biocultural de los pueblos indígenas. Más que una lista de remedios, estos registros muestran la continuidad de un conocimiento que sigue vivo en muchas regiones del país.
Hablar del pericón es hacer referencia a una manera de comprender la salud y reconocer que durante generaciones enteras las familias aprendieron a observar el cuerpo, reconocer los cambios que produce un alimento, distinguir las plantas de su entorno y descubrir cuáles podían aliviar determinadas molestias. Ese aprendizaje no surgió de un laboratorio, sino de la experiencia compartida, del ensayo y la observación, hasta convertirse en un saber colectivo que forma parte de la identidad de numerosas comunidades.
Con el paso del tiempo, ese conocimiento comenzó a despertar el interés de la ciencia. Lejos de ignorar la medicina tradicional, investigadores mexicanos han dedicado décadas a estudiar las propiedades del pericón para comprender qué sustancias contiene y cómo actúan sobre el organismo. En la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Departamento de Farmacología desarrolló una investigación encabezada por la doctora Rosa Ventura-Martínez, en colaboración con especialistas del Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente Muñiz” y del Instituto Politécnico Nacional, con el propósito de evaluar algunos de los usos digestivos que la medicina tradicional atribuye a esta planta.
Los resultados mostraron actividad antiespasmódica y antidiarreica en modelos experimentales, además de identificar compuestos como cumarinas y flavonoides que podrían contribuir a explicar parte de esos efectos. Los propios investigadores señalan que estos hallazgos corresponden a estudios preclínicos y que aún son necesarios ensayos clínicos en seres humanos para confirmar su eficacia terapéutica. Lejos de restar valor al conocimiento tradicional, este tipo de investigaciones refleja un cambio importante: la ciencia mira con mayor atención los saberes que las comunidades han preservado durante siglos.
Ese diálogo entre tradición e investigación también ha sido impulsado por la Organización Mundial de la Salud, que desde la Declaración de Alma-Ata de 1978 reconoce la importancia de la medicina tradicional dentro de la atención primaria y promueve que los países preserven este patrimonio cultural mientras fortalecen la investigación sobre su seguridad, calidad y eficacia. En un país como México, donde convergen una extraordinaria diversidad biológica y una profunda riqueza cultural, ese reconocimiento adquiere un significado especial.
Cada planta medicinal guarda una historia que va más allá de sus principios activos. El pericón habla de los pueblos que aprendieron a leer la naturaleza, de las familias que conservaron ese conocimiento y de una tradición que ha logrado permanecer viva porque sigue formando parte de la vida cotidiana; así, mientras la ciencia continúa haciendo preguntas, la tierra lleva siglos ofreciendo respuestas.
Botiquín de la tierra
Pericón (Tagetes lucida Cav.)
De aroma anisado y flores amarillas que anuncian el final del verano, el pericón es una de las plantas más representativas de la herbolaria mexicana que ha acompañado, desde tiempos prehispánicos, a distintas comunidades como remedio para aliviar molestias digestivas; entre ellas dolor de estómago, cólicos, empacho, diarrea y sensación de pesadez después de los alimentos. Además de sus usos medicinales, forma parte de ceremonias, ofrendas y celebraciones tradicionales que reflejan la estrecha relación entre la naturaleza y la vida comunitaria.

Diversas investigaciones han identificado en esta especie compuestos como flavonoides, cumarinas y aceites esenciales que actualmente son objeto de estudio por sus posibles efectos antiespasmódicos y digestivos. Estos hallazgos no sustituyen el conocimiento tradicional, sino que muestran el creciente interés de la ciencia por comprender las propiedades de una planta que ha formado parte del patrimonio biocultural de México durante siglos.
¿Cómo se prepara?
Tradicionalmente se utiliza en infusión: se colocan unas cuantas hojas y flores frescas o secas en agua caliente, se dejan reposar entre cinco y diez minutos y se consume tibia, generalmente después de los alimentos cuando se busca favorecer la digestión.
Sabiduría popular
En muchas comunidades se dice que el pericón “calienta el estómago” y ayuda a que la comida “caiga bien”. Su presencia en las cocinas y en los huertos familiares recuerda que algunas de las enseñanzas más valiosas sobre el cuidado de la salud han pasado de generación en generación.
Importante
Como cualquier planta medicinal, el pericón debe utilizarse con prudencia, aunque la investigación científica continúa estudiando sus propiedades, no sustituye la atención médica cuando los síntomas son persistentes, intensos o de causa desconocida. Las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, así como las personas que reciben tratamientos médicos, deben consultar con un profesional de la salud antes de consumirlo de manera habitual.
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