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Por Alejandra Martínez
The Last of us rompió la regla no escrita de las adaptaciones de videojuegos.
Durante años, Hollywood trató de adaptar videojuegos apostando por acción, explosiones y nostalgia; ahora la sorpresa: The Last of us tomó el camino contrario y ahí estuvo su mayor acierto.
Uno de los ejemplos más reveladores fue el tercer episodio de la serie, “Long, Long Time”, una entrega casi sin escenas de acción ni presencia relevante de infectados que, aun así, se convirtió en uno de los capítulos mejor valorados por crítica y audiencia.

Ese episodio dejó claro que el verdadero corazón de la historia no eran los monstruos, sino los vínculos humanos y fue ahí donde la apuesta funcionó: la primera temporada alcanzó cerca de 32 millones de espectadores por episodio en Estados Unidos, consolidándose como uno de los mayores éxitos recientes de HBO.
Más que adaptar un videojuego, The Last of us demostró algo que Hollywood tardó años en entender: el éxito no está en copiar la jugabilidad, sino en preservar la emoción que hizo inolvidable la historia original.
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