Por Miguel Angel López Flores
EL PVEM se ha consolidado como una fuerza política necesaria para quien sea que aparezca en el escenario público de nuestro país.
Si en la palestra política mexicana hay una historia digna de contar es la del Partido Verde Ecologista de México (PVEM). Sin embargo, no es por sus triunfos, principios o cualidades, sino por cómo ha sobrevivido 40 años como una asociación política administrada por un grupo muy reducido, con decisiones unilaterales y alianzas eternas al servicio del oficialismo.
A mediados de los años 80 del siglo pasado, con la puesta en evidencia de fenómenos globales como el efecto invernadero, el deterioro de la capa de ozono, la deforestación y desertificación de grandes zonas, los llamados “partidos verdes”, a lo largo del mundo, comenzaron a mover sus maquinarias hacia la defensa del medio ambiente para capitalizar apoyo ciudadano. Grupos minúsculos ejecutando grandes acciones era la narrativa empleada. “Salvar al mundo de la extinción” siempre ha sido una fórmula ganadora, sin duda.
Fue en dicho contexto que un pequeño grupo vecinal en Coyoacán, Distrito Federal, llamado “Alianza Ecologista Nacional”, encabezado por Jorge Gonzalez Torres, logró unificar diversas asociaciones ambientalistas para fundar, en 1986, el “Partido Verde Mexicano”.
Durante sus primeros años, se dedicaron a limpiar ríos urbanos, recolectar basura en barrancas, áreas verdes y calles, denunciar la muerte de aves por la excesiva contaminación dentro de las grandes urbes o, por qué no, a PEMEX por el peligro ambiental de sus instalaciones. Así pasaron cinco años, hasta que consiguieron su registro como partido político nacional con el nombre que actualmente todos conocemos.
La primera participación del PVEM, en las elecciones federales de 1991, fue por demás retadora. Con recursos limitados, poca presencia en medios de comunicación y candidatos designados directamente por Jorge Gonzalez Torres, lograron únicamente una votación del 1.48% en todo el país, perdiendo el registro.
Por ende, tuvieron que volver a solicitar su registro, situación que no les implicó mayor esfuerzo, pues su organización no se había detenido. Tras 167 asambleas constitutivas y la presentación de un poco más de 86 mil afiliados ante la autoridad electoral, el 13 de enero de 1993, el PVEM recuperó la categoría para poder participar en las elecciones federales de 1994.
El PVEM debutó en 1994 con González Torres como candidato presidencial —el único propio hasta la fecha—, teniendo como eje de comunicación el desapego de la clase política habitual bajo el recordado eslogan: “No votes por un político, vota por un ecologista”.
El PVEM capitalizó el desencanto ciudadano hacia los partidos tradicionales (principalmente el PRI), promoviendo la idea de que los políticos convencionales eran corruptos o ineficaces. Se presentaban a sí mismos como ciudadanos comunes y activistas, lo cual resultó beneficioso.
Algo que se debe rescatar es que, durante esta campaña, el PVEM posicionó la necesidad de legislar a favor de la conservación ecológica, el combate a la contaminación y la protección de los recursos naturales frente al desarrollo industrial desmedido. González Torres centró sus discursos en calificar al gobierno de la época como un “depredador” y “destazador” de los bosques, ríos y montañas del país.
Durante la jornada electoral del domingo 21 de agosto de 1994, el PVEM conservó su registro debido a que la legislación electoral de la época exigía únicamente un mínimo del 1.5% en cualquiera de las votaciones federales expresadas ese día. A pesar de sólo tener el 1.36% en la elección de diputados, obtuvo el 2.75% de los sufragios en la elección presidencial. No ganó ni una diputación o senaduría, pero su registro legal le sirvió como base para coaliciones y triunfos legislativos en elecciones posteriores.
Repitiendo su fórmula discursiva en las elecciones federales de 1997, el PVEM logró un avance histórico al conseguir sus primeros espacios en el Congreso de la Unión. En la Cámara de Diputados consiguió 8 escaños —todos ingresaron bajo el principio de representación proporcional, designados directamente por Gonzalez Torres—, destacando nombres como Jorge Emilio Gonzalez Martinez —hijo del fundador—, Marcelo Ebrard Casaubón —sin ser militante—, o Gloria Lavara Mejía, primera mujer que de manera histórica ocupó la Presidencia de la Cámara en 1998.
En la Cámara de Senadores ganó un lugar que, posteriormente, tras reclamaciones del PAN, PRD y PT, perdió en la mesa tras una resolución definitiva del Tribunal Electoral. En números fríos, el PVEM alcanzó aproximadamente el 4.0% de la votación nacional emitida, consolidándose en ese momento como la quinta fuerza política de México y asegurando con holgura la permanencia de su registro legal frente al Instituto Federal Electoral (IFE).

Fue hasta el año 2000 que el PVEM giró al mundo de las alianzas. Su método para permanecer en el escenario político nacional cambió radicalmente al unirse a la “Alianza por el Cambio”, respaldando la postulación panista de Vicente Fox Quesada. Internamente, unirse a la “alternancia” le valió consolidar una poderosa bancada de 17 diputados y 5 senadores —encabezados por el “Niño Verde”, Jorge Emilio Gonzalez Martinez—.
Durante el foxismo, el PVEM consolidó su método actual basado en la negociación de cuotas de poder dentro de coaliciones totales o parciales, abandonando casi por completo las postulaciones independientes.
Lo anterior llegó hasta la médula del partido al grado en que, entre 2006 y 2018, se adhirió de manera automática a los candidatos presidenciales elegidos por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) Roberto Madrazo (2006), Enrique Peña Nieto (2012) y José Antonio Meade (2018). Mientras tanto, para los cargos de las dos cámaras en el Congreso, el PVEM negoció un porcentaje de distritos con el PRI a cambio de apoyo incondicional tanto en el trabajo de campo como en el uso de recursos. Cabe mencionar que la cúpula del PVEM designó directamente los perfiles que ocuparían esos espacios.
Un sello distintivo de sus designaciones directas fue postular a figuras del espectáculo, deportistas y conductores de televisión para asegurar votos y mantener el registro legal. Nombres como Raul Araiza, Laura G, Irán Castillo, Jorge Kawachi, Marta Guzman, Cuauhtemoc Blanco o Paola Espinosa, son ejemplo de ello.
Esta estrategia los mantuvo estables durante el periodo mencionado. Sus bancadas, tanto en Diputados como en Senadores, oscilaron entre 17 y 21 en la cámara baja y entre 5 y 6 en la cámara alta. Sin embargo, el control de estos espacios por parte de una camarilla muy definida era evidente: personajes como Emilio Gonzalez Martinez, Manuel Velazco Coello, Arturo Escobar y Carlos Alberto Puente, encabezaron el grupo durante las dos primeras décadas del milenio logrando posicionarse en el imaginario del electorado.
Pero fue hasta 2012 que el PVEM ganó su primera gubernatura en la historia con la postulación de Manuel Velazco Coello en Chiapas.
Enmarcada por completo con la demoledora campaña presidencial de Enrique Peña Nieto, “El Güero” Velazco Coello basó su comunicación política en tres ejes muy definidos: el llamado a la nostalgia, apelando constantemente a la memoria de su abuelo, el Dr. Manuel Velasco Suárez —quien fuera un respetado exgobernador del estado—; la explotación de la juventud como virtud para gobernar, al contar con tan solo 32 años se presentó como un político libre de defectos; y el llamado a la unidad, pues logró unir al PRI y al PANAL a su proyecto, dando la impresión de que Chiapas era la prioridad.
Todo ello sin mencionar que, tan solo unos meses antes de la elección, hizo formal su relación sentimental con la actriz Anahí. Gracias a todo eso, ganó con el 67.14% de la votación. Todo un fenómeno para la época.
Con el cambio de panorama político en México, para 2021 el PVEM mudó su alianza estratégica hacia el partido Morena, adoptando de manera formal sus métodos de selección: encuestas espejo y comisiones de elección. Para los procesos de la coalición “Sigamos Haciendo Historia”, el PVEM aceptó someter a sus aspirantes al método de encuestas organizadas por Morena.
En 2021, el PVEM obtuvo un triunfo significativo: la gubernatura de San Luis Potosí bajo la persona de José Ricardo Gallardo Cardona —conocido popularmente como “El Pollo”—, cargo al que llegó postulado por la coalición “Juntos Haremos Historia” junto con el PT. Empresario y experredista, a pesar de competir contra Morena, se sumó al discurso de la Cuarta Transformación para obtener la victoria. Ataque constante a los gobernadores del pasado con la promesa de eliminar la corrupción en el estado. No se complicó de más. Estrategia que le sumó el 37.70% de los votos, a escasos 5 puntos de su contraparte panista.
Para 2023, el PVEM participó formalmente en el proceso interno de la izquierda mexicana proponiendo a Manuel Velasco Coello como aspirante presidencial, quien compitió mediante encuestas frente a los aspirantes de Morena y el PT, y que resultó en el apoyo absoluto a Claudia Sheinbaum en las elecciones de 2024. Hoy en día el PVEM cuenta con 64 diputaciones y 14 senadurías.
Para gubernaturas, alcaldías y diputaciones locales, el método actual del partido se basa en la combinación del uso de encuestas de popularidad con mesas de negociación política, donde el PVEM cede o encabeza candidaturas según su fuerza regional.
El futuro del PVEM —a excepción de San Luis Potosí y la CDMX, entidades donde ha conseguido una gran presencia territorial y preferencia de la ciudadanía— seguirá unido a Morena. Sus cuadros históricos, además, seguirán encabezando las negociaciones y las posiciones de poder real. No hay nada que anuncie lo contrario. El PVEM es, de este modo, el ejemplo más claro del pragmatismo al menos en lo que respecta a partidos políticos mexicanos: si funciona y genera efectos positivos, no tienen por qué cambiar.
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