Por Jessica Chaparro
El estado de California enfrenta riesgo de lluvias e inundaciones, mientras que nuestro país se prepara para un Pacífico más activo por El Niño.
A solicitud expresa de parte de uno de nuestros lectores, procedente del norte del país, hoy hablaremos de un fenómeno climático que se intensifica en el Pacífico ecuatorial, el cual también tendrá efectos sobre México, aunque no serán iguales a los previstos para California.
En las costas mexicanas, el principal foco de atención está en una mayor actividad ciclónica y en episodios de lluvia intensa, mientras que para el invierno se anticipa un comportamiento regionalmente desigual de las precipitaciones.
Por lo que se sabe, la evolución del Niño 2026-2027 comienza a perfilar un escenario de mayor impacto climático en el Pacífico, mientras pronósticos recientes para California apuntan hacia un invierno potencialmente más húmedo, con episodios de lluvias capaces de incrementar los riesgos de inundaciones repentinas y deslaves, en México el fenómeno también obliga a mantener la vigilancia sobre las costas, aunque mediante mecanismos y efectos que no son necesariamente equivalentes.
El Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA) reportó la semana pasada que El Niño continúa fortaleciéndose y que existe una probabilidad superior a 90 por ciento de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno boreal de 2026-2027.
Los registros de julio mostraron anomalías de temperatura superiores a 2 grados Celsius en sectores del Pacífico ecuatorial oriental, mientras que el pronóstico oficial contempla incluso un 69 por ciento de probabilidad de que entre octubre y diciembre se produzca un episodio de intensidad histórica, comparable con los eventos más fuertes registrados desde 1950.
Para California, la señal climática adquiere especial relevancia porque los episodios de El Niño fuerte suelen modificar la trayectoria de las tormentas del Pacífico y favorecer condiciones más húmedas durante el invierno.
Una actualización reciente de los pronósticos para el estado apunta a una temporada de lluvias por encima del promedio en buena parte de California, no únicamente en el sur, con posibilidad de que las precipitaciones lleguen en episodios concentrados. Esa combinación puede elevar el riesgo de inundaciones repentinas, deslaves y otros impactos asociados con tormentas intensas, especialmente en zonas previamente afectadas por incendios.
México se encuentra en otro escenario
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y la Comisión Nacional del Agua (Conagua) establecieron desde junio que El Niño ya estaba presente en el Pacífico ecuatorial y previeron que continuaría fortaleciéndose hasta el invierno. Para noviembre de 2026 a enero de 2027, el SMN había calculado inicialmente una probabilidad del 63 por ciento de alcanzar la categoría de muy fuerte.
Una de las consecuencias que más interesa para las costas mexicanas es la actividad ciclónica del Pacífico. De acuerdo con el SMN, El Niño favorece una mayor actividad de ciclones tropicales en ese océano, aunque sus trayectorias suelen alejarse de las costas; esto significa que un incremento en el número o intensidad de sistemas no permite concluir, por sí mismo, que habrá más impactos directos sobre territorio mexicano, ya que la trayectoria de cada ciclón sólo puede determinarse con mayor precisión conforme se desarrolla el sistema.
Ese matiz resulta particularmente importante para estados como Baja California Sur, Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero y Oaxaca, donde la combinación de ciclones, ondas tropicales, mar de fondo y lluvias intensas puede generar riesgos costeros aun cuando un sistema no toque tierra.

De hecho, la amenaza ya no es solamente una proyección de largo plazo, pues en su aviso meteorológico de este lunes 24 de agosto, el SMN informó que el monzón mexicano, la inestabilidad atmosférica y las ondas tropicales 30 y 31 están generando condiciones para lluvias fuertes en diversas regiones, con precipitaciones puntuales muy fuertes en Nayarit, Jalisco, Colima y Michoacán. El organismo mantiene además vigilancia sobre el monzón y las ondas tropicales que afectan al país.
Para el invierno, la señal de El Niño tampoco será uniforme en todo México, lo que se conoce porque el SMN ha señalado que históricamente el fenómeno favorece mayores precipitaciones en el noroeste y noreste del país y en la Península de Yucatán, además de una mayor frecuencia de frentes fríos. Durante la primavera siguiente, en cambio, puede favorecer condiciones más cálidas y un déficit de humedad, con implicaciones para la ocurrencia y severidad de incendios forestales.
En las costas del Pacífico, por tanto, el riesgo no puede reducirse a la pregunta de si lloverá más o menos que en California, ya que el comportamiento del océano y de la atmósfera puede traducirse en mayor actividad ciclónica, oleaje, lluvias torrenciales y crecidas de ríos y arroyos cuando coincidan varios sistemas meteorológicos.
Pronósticos recientes del SMN muestran que esos riesgos ya se presentan en la temporada actual. Sus avisos han documentado episodios de mar de fondo de entre uno y dos metros en distintos sectores del litoral del Pacífico, así como lluvias capaces de provocar incremento en los niveles de ríos y arroyos, inundaciones, encharcamientos y deslaves.
Por todo lo anterior, el escenario mexicano requiere una lectura distinta a la que comienza a tomar fuerza en California, por la simple y sencilla razón de que no existe una relación automática entre un El Niño fuerte y una inundación específica en una costa mexicana, pero sí aumenta la importancia de vigilar la evolución de los ciclones, las lluvias acumuladas, el estado de los cauces y las condiciones del mar.
Conforme avance el otoño y El Niño se acerque a su máxima intensidad prevista, esa vigilancia será especialmente relevante, tan es así que la NOAA estima actualmente que existe una probabilidad superior a 90 por ciento de que el fenómeno sea muy fuerte durante el otoño-invierno, pero también advierte que la intensidad de El Niño no determina por sí sola la magnitud de sus efectos regionales. Los impactos dependen de la interacción entre el fenómeno, la circulación atmosférica y las condiciones locales.
Para México, la conclusión más prudente es clara: el Pacífico estará bajo una vigilancia reforzada durante los próximos meses. El Niño puede aumentar la actividad ciclónica y modificar los patrones de lluvia, pero no permite anticipar todavía qué costas recibirán impactos directos. Esa respuesta dependerá de cada sistema meteorológico y, especialmente, de sus trayectorias durante la temporada.
En conclusión, el escenario obliga a mantener la atención sobre el comportamiento del clima durante los próximos meses, porque El Niño modificará los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del país, por lo que habrá que estar preparados tanto para episodios de precipitaciones intensas como para cambios marcados en las condiciones térmicas. En otras palabras, conviene tener a la mano el paraguas y, cuando corresponda, también el abrigo.

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