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Triage: cómo se decide la prioridad en urgencias

Por Dr. Bardo Lira

En toda sala de urgencias, antes de decidir quién requiere ser atendido primero, el personal de salud realiza una valoración inicial conocida como triage, término utilizado para describir el proceso de clasificación y priorización de pacientes.

Llegar primero a una sala de urgencias no significa ser atendido primero, por la simple y sencilla razón de que en un mismo momento pueden encontrarse una persona con una herida, otra con dolor abdominal, alguien con una fractura y un paciente con dificultad para respirar o dolor intenso en el pecho. Todos necesitan atención, pero no todos tienen el mismo riesgo ni pueden esperar el mismo tiempo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el triage como la acción de ordenar y priorizar a los pacientes según la urgencia de la intervención que necesitan, con el propósito de identificar a quienes requieren atención inmediata y a quienes pueden esperar de manera segura, y no en el orden que acuden al servicio de urgencias.

Antes de 1792, y especialmente en Europa, en las guerras napoleónicas, durante las batallas, que consistían en lucha armada batallón contra batallón, los soldados heridos de ambos ejércitos debían esperar a que el combate terminara, para después ser trasladados en carretas para su atención médica. En ese año, Dominique Jean Larrey, médico militar de Napoleón, desarrolló las “ambulancias volantes” que consistían en estructuras rodantes de las que colgaban hamacas y que eran tiradas por caballos. 

Lo novedoso era que, durante el desarrollo del combate, los soldados heridos eran retirados, y de inmediato eran llevados a hospitales equipados, lo que mejoraba de manera considerable la mortalidad de los más graves, ya que podían atenderse hemorragias masivas o contaminación de heridas. Esto dejó un hito en la atención médica de urgencias. ¿Los resultados? Se redujo la mortalidad del 90 al 25% de los casos más graves.

En otro momento más reciente, tomamos como ejemplo el hospital Cook County de Chicago. Este hospital civil, de más de cien años de existencia, durante los años setentas y ochentas, recibía cerca de mil pacientes al día, entre lesiones por arma de fuego y accidentes, hasta crisis convulsivas y dolor de pecho. Esto lo mantenía saturado más allá de sus capacidades de infraestructura, de recursos y de personal, ya que, además, por el temor a ser demandados, todos los pacientes eran ingresados para protocolo diagnóstico. 

En 1996, bajo la dirección del Dr. Brendan Reilly, se propuso la instauración de un protocolo breve, conciso y bien definido para decidir lo que se hacía con un paciente con dolor de pecho, de tres destinos diferentes: o se iba a casa, o se mantenía en observación, o se ingresaba a la unidad de cuidados intensivos coronarios. El criterio médico sin el protocolo tenía una certeza, en especial de falsos negativos entre el 75 y el 89%, y una vez establecidos los criterios de Goldman, se obtenía a una certeza del 95 al 100%. 

Con esto, se logró reducir la saturación de los servicios de UCI, y en especial, el costo de la atención médica, al poder egresar a pacientes de los que se confirmaba que el dolor de pecho no se debía a un infarto u otro padecimiento grave, y se ingresaba a aquellos que sí lo tenían. Esto marcó otro hito en la eficiencia de los hospitales públicos y dio pauta al desarrollo del triage que actualmente se utiliza en los hospitales.

En 1998, los médicos de urgencias Richard Wuerz y David Eithel concibieron un algoritmo para definir no sólo “¿qué tan grave se encuentra el paciente?” sino también “¿qué tantos recursos requiere para completar su atención?, o ¿cuántos minutos puede esperar antes de morir?” Antes de que se publicara su protocolo, la selección estaba dada por una enfermera que tomaba signos vitales y establecía la prioridad. Eso caía en una mayoría de pacientes encajonados en la escala intermedia de “urgente”, lo que mantenía saturado el servicio y dejaba muchos cabos sueltos de pacientes egresados con enfermedades que requerían una atención más especializada. 

El protocolo ESI no sólo toma en cuenta la gravedad del paciente y los recursos necesarios para otorgarle la atención, sino que establece una correlación entre las capacidades del hospital y el perfil y el acúmulo de pacientes a atender. 

¿Qué ocurre cuando una persona llega a urgencias?

La clasificación comienza con una valoración rápida, lo cual significa que el personal de salud identifica el motivo de consulta, observa el estado general del paciente, revisa signos vitales y busca datos que puedan indicar que la vida, un órgano o una función están en peligro.

Triage: cómo se decide la prioridad en urgencias
Imagen: RDNE.

Por su parte, en el modelo que describe el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), por ejemplo, la valoración inicial contempla la vía aérea, la ventilación y la circulación, además de preguntas dirigidas al motivo de la consulta y la toma de signos vitales. Con esa información, sumada a la experiencia del médico que realiza la primera indagatoria sobre el estado del paciente, se determina la prioridad y el área en la que debe continuar la atención.

Ninguna clasificación significa que en esos primeros minutos hayan establecido necesariamente el diagnóstico definitivo, pues alguna persona puede llegar con dolor en el pecho y todavía no se sabe si tiene un infarto; otra puede llegar con dificultad para respirar sin que se conozca todavía la causa. El triage busca responder primero una pregunta diferente: ¿qué tan riesgosa puede ser la espera para el paciente?

Responder esa pregunta hace la diferencia, porque como primer paso orienta un diagnóstico inicial, el cual se construye a través de un interrogatorio, la exploración física, los estudios de laboratorio, las imágenes y la evolución del paciente. El triage, en cambio, establece la prioridad de atención.

Los colores de urgencias

En México no existe un único esquema idéntico para todas las instituciones, pero sí es fundamental que la ciudadanía los reconozca y entienda. El IMSS utiliza cinco niveles identificados mediante los colores rojo, naranja, amarillo, verde y azul; el ISSSTE también ha implementado el sistema Triage Manchester con esos cinco colores en sus unidades de urgencias. La herramienta de triage de la OMS, en cambio, utiliza tres: rojo, amarillo y verde.

En el modelo del IMSS, el rojo corresponde a pacientes que requieren reanimación y cuya vida está en peligro; el naranja identifica una emergencia con riesgo importante para la vida, un órgano o una función; el amarillo corresponde a una urgencia que necesita atención prioritaria; el verde a una urgencia menor y el azul a una situación considerada no urgente.

Establece el IMSS, bajo este esquema, tiempos de atención distintos para cada nivel: la atención roja es inmediata; la naranja debe realizarse con gran rapidez; la amarilla, dentro de los siguientes 30 minutos; la verde, dentro de 120 minutos, y la azul, dentro de 180 minutos. Estos tiempos corresponden al modelo institucional del IMSS y no deben interpretarse como un plazo universal para todas las salas de urgencias del país.

Resulta valioso observar en cada sistema de atención médica que los colores no refieren un lenguaje universal idéntico en todos los hospitales, pero sí la forma en que los sistemas de triage comparten el principio de priorizar a quien presenta mayor riesgo y que pudiera deteriorarse la salud de un enfermo si espera demasiado.

¿Qué significa realmente ser clasificado?

Imaginemos dos personas que llegan casi al mismo tiempo. Una tiene un esguince de tobillo después de una caída; puede tener dolor y dificultad para caminar, pero conserva signos vitales estables y no presenta datos que sugieran una amenaza inmediata para la vida. La otra refiere una presión intensa en el pecho, está sudando, tiene dificultad para respirar y se siente débil; todavía no sabemos si está sufriendo un infarto, pero existen suficientes señales de alarma para considerar que no puede esperar como el primer paciente.

Si el segundo paciente llega después, probablemente será atendido antes, lo cual no significa que el dolor del tobillo haya dejado de ser importante, pero implica que existe un riesgo clínico diferente, precisamente porque el peligro para la vida es mayor.

El triage tampoco significa que el paciente ya tenga un diagnóstico

Como ya se mencionó renglones arriba, esta distinción merece atención porque puede evitar muchos malentendidos; es decir, una persona puede recibir una clasificación roja sin que el médico haya determinado todavía cuál es exactamente la enfermedad que presenta; entonces, el color indica prioridad, no diagnóstico.

Un paciente con dificultad respiratoria intensa puede tener una crisis asmática, una neumonía, una reacción alérgica grave, una embolia pulmonar o un problema cardiaco y, en cualesquiera de esos casos, el triage identifica que la respiración está comprometida y que el paciente necesita atención inmediata; después vendrán la exploración, los estudios y el tratamiento necesarios para determinar la causa.

Triage: cómo se decide la prioridad en urgencias
Imagen: PuntoMedio.

Por eso, el personal que realiza el triage necesita reconocer signos de deterioro antes de analizar toda la historia clínica.

Para ello, la OMS plantea que el triage debe permitir identificar de manera temprana a los pacientes que necesitan intervención inmediata y diferenciar a quienes pueden esperar con seguridad. Su herramienta integrada contempla, además, protocolos específicos para adultos, niños y situaciones con múltiples víctimas.

¿Qué puede hacer que una persona cambie de prioridad?

Estar en una sala de espera no significa que la clasificación asignada permanezca igual durante toda la estancia en urgencias, debido a que una persona inicialmente estable puede presentar nuevos síntomas o deteriorarse mientras espera; por ello, hay personal de salud en espacios de atención a público, cuya labor es estar atento a lo que ocurre, también, en una sala de espera.

Imaginemos a un paciente que llega con dolor abdominal moderado, está consciente, tiene signos vitales estables y es clasificado como una urgencia que puede esperar. Si mientras permanece en la sala desarrolla presión arterial muy baja, confusión, dificultad para respirar o un dolor que aumenta de manera importante, la situación ha cambiado y necesita una nueva valoración.

El triage, por tanto, no debe entenderse como una etiqueta permanente colocada sobre el paciente. Es una herramienta para ordenar la atención de acuerdo con el estado clínico y puede requerir reevaluación cuando aparecen nuevos datos.

¿Por qué las urgencias pueden parecer desordenadas?

Una sala de urgencias puede resultar desconcertante para quien observa desde la sala de espera, hay pacientes que entran rápidamente, otros permanecen sentados y algunos son trasladados directamente a áreas donde no pueden ser acompañados. Detrás de esa aparente falta de orden existe una lógica clínica: las urgencias no funcionan como una fila de supermercado.

Justamente, el propósito del triage es evitar que una persona con una amenaza inmediata espere simplemente porque alguien llegó antes. La OMS considera el triage por gravedad, lo cual refiere una forma unificada de ordenar pacientes en los servicios de salud y, por ello, particularmente el IMSS señala que su finalidad es priorizar a quienes presentan mayor gravedad y optimizar la atención.

Esto también explica por qué una persona clasificada como verde o azul puede esperar más tiempo, por lo que es importante reiterar que la clasificación significa que, de acuerdo con la valoración inicial, puede esperar con menor riesgo que quienes presentan una emergencia o una urgencia de mayor prioridad.

Pero, recuérdese, esperar no significa que el problema sea imaginario ni que el paciente no necesite atención, así que si durante la espera aparecen nuevos síntomas o empeora el estado general, la situación debe comunicarse inmediatamente al personal de salud.

México: diferentes instituciones, un mismo principio

El triage forma parte de la organización de los servicios de urgencias del sistema mexicano de salud. El IMSS mantiene un modelo de cinco niveles y ha desarrollado materiales específicos para que los pacientes conozcan la clasificación.

El ISSSTE, por su parte, informó en septiembre de 2026 que había implementado Triage Manchester en 23 salas de urgencias, con cinco niveles identificados mediante los colores rojo, naranja, amarillo, verde y azul. El Instituto señaló que el objetivo es determinar la prioridad y el tiempo de atención de acuerdo con la gravedad, independientemente del orden de llegada.

Imagen: IMSS.

Estos modelos muestran que la clasificación de pacientes no es un procedimiento administrativo para organizar una fila, sino una herramienta clínica cuyo propósito es reconocer primero a quienes no pueden esperar.

Señales de alerta

Hay síntomas que deben comunicarse de inmediato al personal de urgencias porque pueden indicar una condición potencialmente grave: dificultad intensa para respirar, dolor o presión en el pecho, pérdida de conciencia, confusión repentina, convulsiones, sangrado importante, signos de choque, debilidad súbita, alteraciones graves del estado de conciencia o un deterioro rápido del estado general. La presencia de estos signos no establece por sí sola un diagnóstico, pero sí puede modificar la prioridad de atención.

Es fundamental entender con claridad que el triage no decide quién merece atención, sino quién necesita atención primero y, comprenderlo, también forma parte de la atención en salud.

Un caso inesperado

En 1976, el cirujano ortopedista James Styner, un cirujano ortopedista, viajaba piloteando su avión por el estado de Nebraska, en Estados Unidos. El avión se accidentó sobre unos plantíos de maíz, lo que ocasionó la muerte de su esposa y serias lesiones a él y a sus cuatro hijos. Al ser trasladado al hospital comunitario más cercano, se dio cuenta que las atenciones y priorizaciones que él mismo desarrolló para sobrevivir y para atender a sus hijos, fueron superiores a los que les proporcionaron los servicios de traslado y el hospital que los había recibido. 

En colaboración con el Colegio Americano de Cirujanos, en 1978 desarrolló el sistema de Soporte Vital Avanzado en Trauma (ATLS), que priorizó la atención de aquellos elementos que comprometían la vida de manera inmediata: la vía aérea, la respiración, las lesiones con hemorragia, y la priorización de aquellos pacientes que presentaban complicaciones sobre estos elementos, antes que realizar estudios que podrían sacrificar tiempo valioso y comprometer la supervivencia. 

A partir de ese momento, se fueron desarrollando estrategias más especializadas y de difusión global, a fin de mejorar la supervivencia a los pacientes más vulnerables: el que presenta dolor de pecho o paro cardiaco (SVAC), al paciente quemado (SVAQ), al paciente pediátrico (SVP) y otros. Y, por otro lado, la evolución dinámica de los sistemas de triage ya funcionantes en los hospitales, permite correlacionar el perfil de gravedad del paciente con las capacidades resolutivas del hospital en el momento en el que un lesionado o enfermo acude al servicio de urgencias.

¿Hay algo por hacer?

Aunque la estrategia de recepción de pacientes es cada vez más eficiente, la implementación de un sistema único (ESI o Manchester) o la presencia de personal con poca experiencia en la clasificación de pacientes da lugar a sesgos logísticos o a errores de clasificación. 

En el medio latinoamericano, la capacidad resolutiva de los hospitales, o su clasificación (hospital de alta especialidad, hospital de trauma, hospital de gineco-pediatría, hospital general) requiere de una posible subclasificación en la que se integre además la posible necesidad de trasladar al paciente a otra unidad más acorde a sus necesidades. 

Esto incluye integrar a los servicios prehospitalarios (como el CRUM, o Centro Regulador de Urgencias Médicas) en la Ciudad de México, que da servicio excepcional desde hace décadas, o a servicios que funcionan de manera paralela, como la Cruz Roja Mexicana o ERUM. 

Fuentes de consulta
  • Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). (2024, 6 de febrero). Promueve IMSS la importancia de que pacientes conozcan clasificación de atención del Triage del Servicio de Urgencias. Ciudad de México: Instituto Mexicano del Seguro Social. https://www.imss.gob.mx/node/104310 IMSS
  • Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). (2022, 13 de diciembre). Con el servicio de Triage de Urgencias IMSS brinda una respuesta médica basada en la gravedad del padecimiento. Ciudad de México: Instituto Mexicano del Seguro Social. https://www.imss.gob.mx/prensa/archivo/202212/625 IMSS
  • Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE). (2026, 17 de septiembre). Con Triage Manchester, ISSSTE prioriza la atención en urgencias de acuerdo con la gravedad de cada paciente. Ciudad de México: Gobierno de México. https://www.gob.mx/issste/prensa/con-triage-manchester-issste-prioriza-la-atencion-en-urgencias-de-acuerdo-con-la-gravedad-de-cada-paciente Gobierno de México
  • Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE). (2025, 17 de enero). Triage: priorizar para salvar vidas. Ciudad de México: Gobierno de México. https://www.gob.mx/issste/articulos/triage Gobierno de México
  • Organización Mundial de la Salud. (s. f.). Interagency Integrated Triage Tool. Ginebra: Organización Mundial de la Salud. https://www.who.int/tools/triage Organización Mundial de la Salud
  • Organización Mundial de la Salud & Comité Internacional de la Cruz Roja. (2018). Basic emergency care: Approach to the acutely ill and injured. Ginebra: Organización Mundial de la Salud. https://www.who.int/publications/i/item/basic-emergency-care-approach-to-the-acutely-ill-and-injured
  • Qamar A, McPherson C, Babb J, Bernstein L, Werdmann M, Yasick D, Zarich S. The Goldman algorithm revisited: prospective evaluation of a computer-derived algorithm versus unaided physician judgment in suspected acute myocardial infarction. Am Heart J. 1999 Oct;138(4 Pt 1):705-9. doi: 10.1016/s0002-8703(99)70186-9. PMID: 10502217.
  • Hernández-Bautista, V. M., & Poblano-Verástegui, O. (2019). Evaluación del sistema prehospitalario de urgencias médicas en la Ciudad de México: tiempos de respuesta y coordinación interinstitucional. Salud Pública de México, 61(3), 312-320. DOI: 10.21149/9843.
  • Treviño-Pérez, R., Martínez-Ramos, E., & Morales-Gómez, R. (2020). Retención de camillas prehospitalarias y saturación en los departamentos de urgencias en la Ciudad de México. Revista Mexicana de Medicina de Urgencias, 19(2), 54-61.

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