Dormir mal, enfermar más
Por el Dr. Julian Ramírez Bello
La falta de sueño puede traer consigo numerosos riesgos que potencian el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.
Dormir es una necesidad biológica fundamental, pero en la vida cotidiana suele subestimarse. Por ello, resulta importante visibilizar el tema y hacer conciencia de su relevancia, pues más allá del descanso, el sueño cumple funciones esenciales en la regulación del organismo y, cuando se altera de forma crónica, sus efectos no se limitan al cansancio: pueden impactar directamente en la salud cardiovascular.
Los trastornos del sueño incluyen condiciones como el insomnio, la apnea obstructiva del sueño y la alteración del ritmo circadiano —el “reloj interno” que regula los ciclos de sueño y vigilia—. Estas alteraciones afectan procesos fisiológicos clave como la presión arterial, la frecuencia cardiaca y el metabolismo.
Durante el sueño normal, el cuerpo entra en un estado de recuperación: la presión arterial disminuye, la frecuencia cardiaca se estabiliza y se activan mecanismos de reparación celular.
Sin embargo, cuando el sueño es insuficiente o fragmentado, estos procesos se ven interrumpidos, lo que puede favorecer el desarrollo de hipertensión, inflamación crónica y alteraciones metabólicas.
Uno de los trastornos más relevantes es la apnea del sueño, caracterizada por pausas repetidas en la respiración durante la noche. Dichas interrupciones reducen los niveles de oxígeno en la sangre y obligan al organismo a activar respuestas de estrés, lo que incrementa la presión arterial y el esfuerzo del corazón; situación que, a largo plazo, se asocia con mayor riesgo de infarto, arritmias y enfermedad cerebrovascular.
Desde una perspectiva biológica, la falta de sueño también se relaciona con un estado de inflamación sistémica y aumento del estrés oxidativo, factores que contribuyen al daño de los vasos sanguíneos; asimismo, la alteración del ritmo circadiano —frecuente en personas con horarios laborales irregulares— puede desorganizar procesos hormonales y metabólicos, incrementando el riesgo cardiovascular.
En este marco, investigaciones en la materia ofrecen evidencia científica para demostrar que las personas que duermen menos de seis horas por noche tienen mayor probabilidad de desarrollar enfermedad cardiovascular, en comparación con quienes mantienen un descanso adecuado. Este riesgo se incrementa cuando el sueño deficiente se combina con otros factores, como sedentarismo, mala alimentación o estrés.
Además, el sueño no es un proceso aislado, se encuentra profundamente conectado con la salud mental, el metabolismo y el entorno social; lo que permite asegurar que, en contextos urbanos donde predominan jornadas laborales extensas, uso intensivo de pantallas y altos niveles de estrés, los trastornos del sueño se han vuelto cada vez más frecuentes.

Resulta importante reconocer que, en el contexto mexicano, los trastornos del sueño se insertan en un panorama más amplio de salud pública. La alta prevalencia de enfermedades como obesidad, diabetes e hipertensión —documentadas a nivel nacional— se asocia con una mayor probabilidad de alteraciones del sueño, incluyendo la apnea obstructiva.
A esto se suman condiciones estructurales como la urbanización acelerada, los tiempos prolongados de traslado y las dinámicas laborales que pueden limitar la duración y calidad del descanso. En este sentido, más que un fenómeno aislado, los trastornos del sueño forman parte de un entramado donde convergen factores biológicos y sociales que inciden directamente en el riesgo cardiovascular.
¿Qué podemos hacer?
La prevención de los trastornos del sueño y su impacto cardiovascular requiere acciones sostenidas:
- Mantener horarios regulares de sueño.
- Alimentarse sanamente.
- Evitar el uso de pantallas antes de dormir.
- Reducir el consumo de cafeína y estimulantes.
- Promover la actividad física regular.
- Consultar a un especialista ante síntomas persistentes.
Comprender la relación entre sueño y salud cardiovascular implica reconocer que descansar bien no es un lujo, sino una necesidad biológica; luego entonces, en un entorno donde el descanso suele sacrificarse, recuperar el valor del sueño es también una forma de prevención. Dormir mejor es, en muchos casos, vivir mejor y vale la pena tomar conciencia de ello.
Referencias
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- Instituto Nacional de Salud Pública (INSP). (2022). Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua 2020–2022 (ENSANUT). https://ensanut.insp.mx
- Organización Mundial de la Salud (OMS). (2023). Cardiovascular diseases (CVDs). https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/cardiovascular-diseases-(cvds)
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