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México pide a EUA frenar nuevos aranceles y reducir los de autos y acero

Por Miguel Ángel López Flores

México pidió a Estados Unidos suspender la imposición de nuevos aranceles mientras avanzan las negociaciones para revisar el T-MEC. 

México ha solicitado la suspensión de nuevos aranceles así como la reducción de la tarifas que actualmente afectan a los vehículos y al acero mexicanos. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, informó el 13 de agosto que el gobierno mexicano entregó a Washington un estudio para sustentar la solicitud y planteó que los automóviles producidos en México reciban un trato arancelario más favorable debido al alto contenido de componentes estadounidenses que incorporan. La petición forma parte de las conversaciones bilaterales para la revisión del acuerdo comercial. 

En el sector automotriz, México argumenta que existe una diferencia frente a otros proveedores del mercado estadounidense y, en ese sentido, Marcelo Ebrard señaló que vehículos fabricados en Japón, Corea del Sur, Alemania y Marruecos enfrentan un arancel de 15 por ciento, mientras que los producidos en México pueden enfrentar una tarifa de 25 por ciento. 

La posición mexicana es que esa diferencia no refleja el nivel de integración de las cadenas productivas de América del Norte, porque las plantas establecidas en México utilizan una proporción importante de autopartes provenientes de Estados Unidos.

Cabe recordar que el arancel de 25 por ciento a automóviles y determinadas autopartes fue establecido por Washington en 2025 mediante la Sección 232, aunque existen tratamientos diferenciados para mercancías que cumplen las reglas de origen del T-MEC. 

Un segundo frente es el acero, del que México solicita revisar el arancel de 50 por ciento aplicado por Estados Unidos y sostiene que el intercambio bilateral no justificaría esa tarifa porque se mantiene un déficit comercial de acero con su vecino del norte. 

Los gravámenes estadounidenses al acero y al aluminio fueron elevados a 50 por ciento en 2025 bajo la Sección 232, una medida que Washington justifica por razones de seguridad nacional y protección de su industria. La administración estadounidense mantiene, además, mecanismos específicos para determinados productores y cadenas de suministro de México y Canadá, por lo que el tratamiento efectivo depende del producto y de las condiciones aplicables. 

La solicitud mexicana ocurre mientras ambos gobiernos mantienen negociaciones formales para la revisión conjunta del T-MEC. En la tercera ronda, celebrada en julio en Ciudad de México, las delegaciones discutieron seguridad económica, reglas de origen, acero y aluminio y automóviles; la agenda confirma que ambos sectores forman parte de la negociación, aunque no existe todavía un acuerdo sobre la reducción de los aranceles. 

Ebrard planteó además una pausa arancelaria durante el proceso de revisión: que mientras continúen las conversaciones no se impongan nuevas tarifas que alteren las condiciones comerciales. 

El secretario describió las gestiones mexicanas como una negociación permanente ante Washington y señaló que su objetivo es mantener la interlocución con las autoridades que toman las decisiones comerciales; el siguiente punto relevante será cómo responde Washington durante las próximas etapas de la revisión del T-MEC. 

El dato de fondo

La discusión no se limita al monto de un arancel, México intenta preservar una ventaja que deriva precisamente de la integración productiva norteamericana: una parte de los bienes que Estados Unidos grava como importaciones mexicanas incorpora previamente insumos, componentes y valor generado en Estados Unidos. 

Washington, por su parte, está utilizando los aranceles y las reglas de origen como instrumentos de negociación dentro de una revisión del T-MEC en la que también están sobre la mesa seguridad económica, cadenas de suministro y contenido regional. 

Por tanto, la negociación tiene dos tiempos: México busca reducir el costo de las medidas que ya están vigentes y evitar nuevas tarifas mientras se revisa el tratado; Estados Unidos todavía no ha comprometido públicamente una respuesta favorable a esas solicitudes. 

El resultado tendrá consecuencias directas para las industrias automotriz y siderúrgica mexicanas, pero también para las cadenas estadounidenses que dependen de insumos y producción realizada en México.

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