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Ganó el fútbol, perdió la marrullería

Por Ulises Ladislao

Este domingo 19 de junio en la final del Campeonato Mundial FIFA 2026, ganó el fútbol, la colectividad y el desempeño en equipo sin necesidad de estrellas supernovas a punto de implosionar.

Ayer se consumó la destrucción de las corruptelas fifallescas, la acción canalla de la mafia futbolística, el “Infantinismo” megacodicioso y obsesivo por el dinero, el arbitraje encauzado hacia una sola causa.

A pesar de los esfuerzos que se dejaron ver desde el inicio del partido entre España y Argentina, la Messififa se quedó sin argumentos, ni una sola llegada, ni un solo atisbo de lo que un día presumes y de lo que al otro día careces, sin importar que como siempre fue, recibas pequeñas ayudas de tus amigos ensotanados de negro.

De nada sirvió el proverbial cancherismo, la “mano fortuita de Dios”, la patada artera, la marrullería vergonzosa, la argentinada.

Mientras la FIFA le pavimentaba la llegada a la final a la selección pampera, otorgándole el grupo menos complicado, con Argelia, Austria y Jordania, y luego con una presunta víctima facilona, pero que resultó un rival inesperado como Cabo Verde, que exhibió al entonces vigente campeón en sus múltiples carencias, con un despliegue de rápidas y precisas combinaciones y funcionamiento colectivo, que si no fuera por el árbitro, habría evitado la humillación de este arrogante conjunto dos partidos después.

En seguida, Argentina no ganó, perdió Inglaterra por sendos errores puntuales en la marca y en la cobertura de Djed Spence a Montiel en la lateral izquierda.

Incidentes al final de la copa mundial de fútbol.
Foto: EFE.

Argentina y su madrina la FIFA se equivocaron, y ésta le produjo a la primera un severo Síndrome del Maestro Barco, que los llenó de soberbia, altanería y arrogancia hasta que llegó el momento de la verdadera exigencia, cuando no supieron ni pudieron contestar.

Del otro lado sí que hubo selecciones candidatas al título a las que España hubo de superar. Primero tuvo a Uruguay y a Cabo Verde. Más tarde llegó Portugal a quien en un partido disputadísimo, pudo derrotar hacia el final.

El siguiente obstáculo fue nada menos que Francia, el principal favorito de las apuestas para campeonar y cuyo centro delantero Kylian Mbappe se consagró campeón de goleo y máximo romperredes de todos los mundiales. Después de este partido ya no había duda, España iba a campeonar con el mejor fútbol de la megajusta deportiva.

La final fue de un solo lado, despliegue ofensivo impecable, recuperación del balón inmediata, rapidez y precisión, tiki taka barcelonista por ratos, posesión casi absoluta de la pelota, y si en las múltiples embestidas Del Olmo, Oyarzabal y Baena no concretaron por milímetros, no fue nada que Pedri y Nico Williams no pudieran resolver en la prórroga, y Ferrán no sentenciara para darle justicia, no sólo a España, sino al fútbol.

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