Ultima Hora, Política

El negociazo de vender armas a la “narquiza”

Los Ciertos Datos

Por Ulises Ladislao

En lo que se refiere a la venta de armas y al consumo de drogas en los Estados Unidos, hay que tomar en cuenta las cantidades inmensas de dinero que esto supone.

Cuando uno quiere analizar el desempeño de Estados Unidos en cualquier ámbito, se debe comenzar por el dinero. No importa si se trata de salud pública, adicciones, derechos humanos y no se diga si se refiere a intercambio comercial, invasiones y guerras financiadas.

De acuerdo con un informe de la National Institute on Drug Abuse, en 2022 en Estados Unidos murieron más de 100 mil jóvenes víctimas de su adicción al fentanilo y las metanfetaminas, sin contar aquellos que fallecieron por sobredosis de cocaína, opioides recetados y heroína. La cifra, sin embargo, podría incrementarse en el futuro. 

El pasado 26 de noviembre, Donald Trump culpó a México y a China de la pandemia de fentanilo que agobia al país que hoy preside y a los migrantes latinoamericanos de transportar cual hormigas las toneladas de drogas que se comercializan de noche y a plena luz del día en las calles de las grandes y pequeñas urbes de la unión americana.

El problema se aprecia complicado toda vez que la estrategia estadounidense ataca las consecuencias con un enfoque meramente policial, mas no las causas psicosociales. Aun así, en fechas recientes el tráfico de fentanilo desde México se ha reducido 64 por ciento, como lo confirma la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos.

La hamaca holgada

La ética y la moral en materia de derechos humanos del gigante del norte es como una hamaca de hilos muy holgados que se estira en función de las ambiciones de obtener jugosos beneficios.

Lo mismo separan niños de sus padres y los encierran en jaulas, que construyen bardas enormes para evitar el ingreso de personas que califican de indeseables: cazan como animales a migrantes con un ejército de asesinos con licencia, al tiempo que matan a ciudadanos estadounidenses que defienden los derechos humanos;  financian y proveen de poderosas máquinas de guerra para facilitar el genocidio en Gaza, al igual que arman hasta los dientes a los narcotraficantes que dicen combatir.

Y tal política se extiende a muchas partes del mundo. Estados Unidos patrocina al unísono a los ejércitos del Líbano e Israel. Un informe del Institute of Alternative Policies, con sede en Grecia, señala que mientras al primero lo dota de aviones ligeros, helicópteros, misiles Hellfire y vehículos terrestres blindados por un monto de 3 mil millones de dólares, al gobierno de Benjamín Netanyahu le entrega aviones caza supersónicos F-16 y F-35, drones ultramodernos, tanques Merkava y herramientas de inteligencia artificial para definir objetivos con alta precisión. Bien lo valen los 18 mil millones de dólares que destinó para este último propósito en 2023, expone el informe citado.

También se frota las manos con la estrategia de atizar el conflicto entre Rusia y Ucrania, y ha logrado escalar la disputa a través de autorizar a Ucrania el uso de misiles ATACMS (Sistema de Misiles Tácticos de Largo Alcance) contra el territorio ruso, con lo que ni tardo ni perezoso Vladimir Putin respondió con su misil hipersónico Oréshnik.

El monstruo de la venta de armas

Impulsado por la guerra entre Rusia y Ucrania, el gasto militar mundial superó 2.4 billones de dólares. De acuerdo con un estudio muy completo del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) realizado recientemente, “Estados Unidos sigue siendo el país que más gasta en armamento con 916 mil millones de dólares. Entre este colosal monto, los ingresos combinados por ventas de armas de 42 empresas estadounidenses alcanzaron 302 mil millones de dólares en 2023. 

Sin embargo, no hay nada tan malo que no pueda empeorar. A inicios de enero pasado, Donald Trump anunció un aumento del 50% de su presupuesto militar para 2027, para llegar a 1.5 billones de dólares, una cifra récord que contempla financiar con “los ingresos de los aranceles impuestos a otros países”. 

Con dinero baila el güero 

A las armerías estadounidenses les importa un comino quién les compra armas, algunas de alto poder letal, con tal de que su caja registradora suene clin-clin hasta sumar al menos 250 millones de dólares por ganancias relacionadas con la venta de armas a los cárteles del narcotráfico, señaló el consultor jurídico de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), Alejandro Celorio. 

Y a pesar de que diga que los cárteles de la droga que operan en nuestro país “envenenan a su población”, con dinero está bailando el güero, sin importar que los haya designado como organizaciones terroristas.

Una investigación publicada por los periodistas Ben Dooley, Isabella Cota y Emiliano Rodríguez Mega en The New York Times, revela que el propio Ejército de Estados Unidos provee con todo tipo de armas de alto poder a sus “enemigos” jurados. Los reporteros descubrieron que restos de municiones encontradas en México corresponden a las producidas en la fábrica de armamento del propio ejército gringo en Lake City, Kansas.

Caldedrunk y su “guerra”

Un informe de Stop US Arms to Mexico denominado El Río de Hierro de Armas a México: sus fuentes y contenidos, explica que la circulación ilícita de armas se intensificó desde que expiró la prohibición federal de venta de armas de asalto en Estados Unidos y la “declaración de guerra en 2007 de Felipe Calderón contra el narco en México”.

De acuerdo con cifras de la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de fuego y Explosivos (ATF) del gobierno norteamericano, el 70% del tráfico ilegal de armamento hacia nuestro país proviene del norte del río Bravo.

Según datos de académicos y especialistas en el tema, se estima que de forma anual ingresan ilegalmente al país entre 213 mil y 230 mil armas de fuego, y se calcula que desde 2013 llegaron a México alrededor de 5 millones de armas.

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