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El Mundial terminó para México, comienza la evaluación

Ahora que el papel de México como sede del Mundial ha concluido, evaluar los datos económicos ayudará a valorar en su justa dimensión el impacto de las inversiones.

Por Ricardo Ramírez Posadas

Ahora que el papel de México como sede del Mundial ha concluido, evaluar los datos económicos ayudará a valorar en su justa dimensión el impacto de las inversiones.

Aparecen inevitablemente asociados los conceptos de derrama económica, Ciudad de México, inversión pública, inversión privada, infraestructura y desarrollo urbano en el contexto del Mundial 2026.

Sin embargo, comienza un nuevo debate que se vislumbra a partir de la estimación presentada por la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, sobre una derrama económica cercana a los 45 mil millones de pesos que no debería convertirse en el punto final de la conversación, sino en el punto de partida de una evaluación mucho más amplia sobre el legado económico que un acontecimiento de esta magnitud deja para una ciudad global.

Las cifras, por sí solas nunca explican un fenómeno económico, más aún cuando existen diferencias entre las estimaciones disponibles.

Mientras el gobierno de la Ciudad informó sobre estas cifras y prevé que ésta pueda superar los 50 mil millones, la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México difundió una evaluación preliminar de 22 mil 678 millones de pesos, además de estimar la creación de alrededor de 80 mil empleos temporales, la llegada de 1.1 millones de turistas y un gasto promedio superior a 22 mil pesos por visitante.

Lejos de descalificar una u otra cifra, la diferencia obliga a transparentar las metodologías empleadas y distinguir entre impacto económico directo, efectos indirectos y proyecciones inducidas.

Repetir una cifra resulta sencillo; explicar qué significa y cómo se construye exige investigación. La economía de los grandes eventos deportivos incorpora variables que rara vez aparecen en el debate público: inversión pública, inversión privada, consumo turístico, cadenas de suministro, generación de empleo, promoción internacional, fortalecimiento de infraestructura y capacidad para atraer nuevos capitales una vez concluido el espectáculo.

Desde esa perspectiva, el Mundial 2026 representa mucho más que la ocupación hotelera de unas cuantas semanas. Tan es así, que la propia administración capitalina sostiene que el torneo aceleró la ejecución de miles de intervenciones urbanas, entre ellas la modernización de estaciones de la Línea 2 del Metro, obras de movilidad, rehabilitación de espacios públicos, infraestructura hidráulica y mejoramiento de equipamiento urbano.

Tan sólo la renovación de la Línea 2 implicó una inversión superior a los 2 mil 200 millones de pesos, de los cuales mil 500 millones fueron aportados por el Gobierno Federal, además de incrementar en 21 por ciento la operación de trenes mediante la recuperación de unidades fuera de servicio.

No obstante, una evaluación seria exige mirar también hacia la inversión privada. Hoteles, aerolíneas, restaurantes, operadores turísticos, empresas de logística, patrocinadores internacionales y cadenas comerciales movilizaron recursos cuya magnitud aún debe documentarse con precisión. Ahí se encuentra una parte sustancial del impacto económico del torneo y, probablemente, uno de los indicadores más relevantes para determinar si la Ciudad de México fortaleció realmente su posición como destino global de negocios, turismo e inversión.

La experiencia internacional ofrece una advertencia pertinente si se considera que ningún Mundial puede evaluarse exclusivamente por la derrama generada durante el torneo. 

Por ejemplo, Alemania 2006 consolidó su imagen internacional y fortaleció su industria turística; Sudáfrica 2010 enfrentó dificultades para aprovechar parte de la infraestructura construida; Brasil 2014 dejó un intenso debate sobre costos públicos y uso posterior de los estadios; Qatar 2022 apostó por posicionarse geopolíticamente mediante una inversión sin precedentes. Cada edición demuestra que el verdadero legado comienza cuando las cámaras de televisión abandonan la sede y las ciudades deben demostrar que las inversiones continúan produciendo beneficios económicos y sociales.

Por ello, la evaluación del Mundial 2026 no debería agotarse en balances preliminares ni en la legítima satisfacción por haber organizado exitosamente uno de los eventos deportivos más importantes del planeta. Lo trascendente consiste en determinar si las obras realizadas incrementarán la productividad urbana, fortalecerán la movilidad, estimularán nuevas inversiones, ampliarán la actividad turística y mejorarán la calidad de vida de quienes habitan diariamente la capital.

Concluida la actividad mundialista para México, resulta posible realizar una primera valoración económica del acontecimiento. La experiencia internacional demuestra que los megaeventos deportivos suelen producir un efecto inmediato sobre el turismo, el comercio y los servicios. 

Sin embargo, los estudios desarrollados por organismos internacionales y diversos especialistas en economía urbana muestran que el verdadero diferencial aparece cuando las inversiones realizadas logran integrarse al desarrollo permanente de las ciudades.

La Ciudad de México y las otras sedes del Mundial 2026 en México enfrentarán ahora su propio desafío: demostrar que las inversiones ejecutadas con motivo del Mundial trascenderán la coyuntura deportiva para convertirse en activos permanentes de competitividad, movilidad y desarrollo urbano. Ahí comenzará la verdadera dimensión económica de este acontecimiento.

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