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Ébola: entre el riesgo real y la desinformación

Al hablar del ébola no es adecuado referirse a una sola enfermedad. Existen diversas variantes, cada una con particularidades a tener en cuenta.

Origen, variantes y desafíos ante una amenaza persistente

Por el Dr. Julian Ramírez Bello

Al hablar del ébola no es adecuado referirse a una sola enfermedad. Existen diversas variantes, cada una con particularidades a tener en cuenta.

Cuando se habla de enfermedades infecciosas capaces de generar preocupación internacional, el ébola ocupa un lugar particular, debido a su elevada tasa de mortalidad y a que las imágenes asociadas a algunos brotes y la rapidez con la que la información circula en redes sociales suelen alimentar temores que no siempre corresponden con la realidad epidemiológica; sin embargo, comprender qué es el ébola, cómo se transmite y cuál es la situación actual resulta fundamental para distinguir entre riesgo real y desinformación.

La enfermedad por virus del ébola fue identificada por primera vez en 1976 en África central, cerca del río Ébola, en lo que hoy es la República Democrática del Congo, definiéndose como una infección viral grave causada por distintas variantes virales pertenecientes al género Ebolavirus.

Aunque suele hablarse del “ébola” como si fuera una sola enfermedad, en realidad existen diferentes variantes virales, entre ellas se encuentran el virus Zaire, el virus Sudán, el virus Bundibugyo y el virus del Bosque de Taï, cada uno con características epidemiológicas particulares que llevan a identificar que, el contagio, ocurre por contacto directo con sangre, secreciones y fluidos corporales —sangre, sudor, saliva, semen, fluidos vaginales (aunque con menor evidencia), orina, heces, vómito, leche materna— o tejidos de personas o animales infectados. Si no hay heridas corporales ni existe la posibilidad de que el virus pueda entrar por los ojos, narices, boca, o aparato reproductor, la probabilidad de contagio es prácticamente nula.

El ébola se diferencia de enfermedades respiratorias como la influenza o la COVID-19, porque no se transmite por el aire ni por convivir casualmente con una persona infectada, además de que las personas no suelen contagiar antes de presentar síntomas, lo que facilita la identificación y seguimiento de contactos cuando los sistemas de vigilancia epidemiológica funcionan de manera adecuada.

Los síntomas iniciales pueden confundirse con otras infecciones, pues se presentan como fiebre, dolor de cabeza, debilidad intensa, dolor muscular y malestar general, pero en los casos más graves se manifiestan en hemorragias, fallo orgánica y complicaciones potencialmente mortales; dependiendo de la variante viral involucrada y de las condiciones de atención médica, la letalidad puede ser considerablemente alta.

Durante los últimos años, los avances científicos permitieron desarrollar vacunas y tratamientos efectivos contra la variante de Zaire, no obstante, uno de los principales desafíos actuales es que no todas las especies de ébola cuentan con vacunas o medicamentos preventivos aprobados, debido a que mientras existen vacunas autorizadas para el virus Zaire, los brotes recientes asociados al virus Sudán y al virus Bundibugyo han puesto en evidencia la ausencia de vacunas y tratamientos específicos ampliamente aprobados para estas variantes; situación que ha impulsado el desarrollo de estudios clínicos y nuevas estrategias de respuesta internacional.

En 2025, Uganda enfrentó un brote causado por el virus Sudán, una variante para la cual no existe una vacuna autorizada de uso general, aunque se pusieron en marcha ensayos clínicos con candidatos vacunales experimentales. Recientemente, los organismos internacionales han expresado preocupación por brotes asociados a la variante Bundibugyo en África central, debido a que tampoco existen vacunas aprobadas para esta variante del virus del ébola.

La gran preocupación que se ha generado a nivel mundial es por la alta tasa de mortalidad reportada para la variante de Zaire que oscila entre el 60% y 90%, para la variante de Sudán que oscila entre el 40% y 60% y para la variante Bundibuyio que oscila entre el 25% y el 50%.

Partículas de ébola (en color rojo) en un célula más grande. Imagen: NIH Flickr.

Frente a este contexto internacional, algunas publicaciones en redes sociales han sugerido que el ébola ya se encuentra en México, lo cual carece de validez, ya que hasta el momento no existen reportes oficiales de la Secretaría de Salud, del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica (SINAVE) ni de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) que documenten casos autóctonos o transmisión comunitaria de enfermedad por virus del ébola en territorio mexicano; aunque las autoridades sanitarias mantienen protocolos de vigilancia epidemiológica para la detección temprana de enfermedades emergentes en puertos, aeropuertos y otros puntos de entrada internacional.

En México, por su parte, la llegada del Mundial de Futbol 2026 ha generado preguntas legítimas sobre la posibilidad de que eventos masivos favorezcan la introducción de enfermedades infecciosas, no obstante, el riesgo de transmisión de ébola durante este tipo de eventos sigue siendo considerado bajo para la población en general, especialmente porque la enfermedad requiere contacto directo con secreciones o fluidos corporales de personas enfermas. Aun así, la experiencia internacional demuestra la importancia de fortalecer la vigilancia sanitaria, la detección temprana y la coordinación entre instituciones de salud pública.

Desde una perspectiva de salud global, el ébola representa una lección permanente sobre la relación entre enfermedades emergentes, movilidad humana y capacidad de respuesta científica; también recuerda que los brotes infecciosos no son sólo fenómenos biológicos, sino desafíos sociales, económicos y políticos que requieren cooperación internacional.

¿Qué podemos hacer?

La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz frente a enfermedades emergentes como el ébola:

  • Informarse a través de fuentes científicas y autoridades sanitarias confiables.
  • Evitar difundir rumores o información no verificada en redes sociales.
  • Mantener medidas básicas de higiene y prevención durante viajes internacionales.
  • Seguir las recomendaciones de salud pública emitidas por organismos nacionales e internacionales.
  • Fortalecer la cultura de vigilancia epidemiológica y educación en salud.

Comprender el ébola implica ir más allá de las imágenes alarmantes que suelen acompañar a los brotes, así como reconocer que la evidencia científica muestra que el riesgo puede gestionarse cuando existen sistemas de vigilancia eficaces, información confiable, así como la cooperación internacional; y recordar que en un mundo cada vez más interconectado, la prevención comienza con el conocimiento y con la capacidad de distinguir entre la amenaza real y el miedo infundado.

Referencias
  1. Liu CH et al. Therapeutic Strategies against Ebola Virus Infection. Viruses. 2022;14:579. 
  2. Mate SE et al. Molecular Evidence of Sexual Transmission of Ebola Virus. N Engl J Med. 2015;373:2448-54.
  3. https://www.cdc.gov/ebola/es/causes/como-se-propaga-la-enfermedad-del-ebola.html
  4. https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/infectious-diseases/expert-answers/can-ebola-spread-through-air/faq-20115575
  5. Jacob ST et al. Ebola virus disease. Nat Rev Dis Primers. 2020;6:13.

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