Por Edith Chávez Ramos
En su quinto año, el conflicto militar en Ucrania ha sido lentamente desplazado del foco por otros sucesos en el plano internacional. Las negociaciones, sin embargo, continúan.
Ucrania vuelve a las conversaciones internacionales luego de haber perdido buena parte de la atención que concentró durante los primeros meses de la invasión rusa. La razón es que el gobierno ucraniano, con sede en Kiev, busca reactivar las negociaciones con Moscú para este mes de septiembre de 2026 con la presunta participación del presidente de los Estados Unidos de América, después de que el proceso impulsado por Washington se estancara durante lo que va del presente año.
Mientras tanto, Rusia ha manifestado, al menos en el discurso, cierta disposición a escuchar nuevas propuestas para cerrar el conflicto, aunque insiste en que cualquier acuerdo debe reconocer las “realidades sobre el terreno” y la soberanía rusa sobre el territorio ucraniano ocupado.
La disminución de la atención no significa que el conflicto haya perdido intensidad. Por el contrario, el mes de julio fue, de hecho, el mes más letal para la población civil desde mayo de 2022 cuando inició este conflicto: la Misión de Derechos Humanos de Naciones Unidas verificó 437 civiles muertos y 2,610 heridos, cifras 30 por ciento superiores a las del mes anterior y 70 por ciento mayores que las registradas en julio de 2025.
Misiles, drones de largo alcance y bombas planeadoras han causado buena parte de las víctimas humanas, mientras los ataques con drones de corto alcance alcanzaron su mayor nivel desde el inicio de la invasión a gran escala.
Entre la intensidad de la guerra y el espacio que ocupa en la agenda internacional y en los medios de comunicación, principalmente de la anglosfera, resulta significativo por contrastante, ya que mientras la población ucraniana continúa expuesta a ataques contra ciudades, infraestructura estratégica y puertos, la discusión diplomática no ha logrado generar las condiciones de un eventual acuerdo para el alto al fuego definitivo.
Por su parte, Europa mantiene un magro respaldo financiero y militar a Ucrania, mientras que enfrenta otras presiones de seguridad especialmente con relación a la OTAN y el apoyo de los Estados Unidos de América para la defensa de sus socios europeos.
Al respecto, el Instituto Kiel para la Economía Mundial señala que Europa incrementó sus asignaciones de ayuda durante mayo y junio de 2026, aunque la asistencia financiera y humanitaria acumulada permaneció por debajo del nivel del año anterior y tanto Ucrania como el resto del continente europeo continúan dependiendo en buena medida del armamento estadounidense y las improntas de Donald Trump.

Sin duda, esta guerra continúa siendo una preocupación para Europa, como se pudo evidenciar durante el aniversario de la independencia de Ucrania este 24 de agosto), con el viaje de dirigentes europeos a Kiev para reafirmar su respaldo y discutir la defensa aérea, en tanto que Reino Unido y Francia anunciaron nuevas formas de cooperación militar, mientras el gobierno ucraniano busca aumentar su capacidad de producción de sistemas de defensa y misiles dentro de su propio territorio.
No obstante, el problema parece estar en otro lugar: la guerra ha dejado de producir el mismo efecto político que en 2022, ya no ocupa las primeras posiciones de la agenda internacional ni determina todas las decisiones de las principales potencias.
Por su parte, Estados Unidos de América ha centrado su atención en el conflicto con Irán, mientras que Europa debe responder simultáneamente a sus propias vulnerabilidades de seguridad.
Así, Ucrania continúa siendo estratégica pero compite por la atención, los recursos y la capacidad diplomática en un escenario internacional mucho más fragmentado, donde las principales tensiones se centran en el estrecho de Ormuz y la crisis energética que ha desencadenado la intervención estadounidense en Oriente Medio, de la mano de su aliado Israel.
Si bien llamarla una guerra olvidada sería en realidad impreciso, sobre todo cuando los ataques continúan, la ayuda internacional sigue fluyendo y las negociaciones vuelven a la agenda; es verdad que ha pasado a un plano secundario en la atención internacional.
Para millones de ucranianos y también para la población rusa que se ha visto afectada, el conflicto continúa desorganizando la vida cotidiana; mientras que para los centros de poder internacional que durante estos años han colocado a Ucrania y a Rusia en el centro de su política exterior, ahora comienzan a lidiar con otras prioridades que los desvían de aquella región de Europa oriental. Esa diferencia puede ser una de las variables decisivas para el desenlace de una guerra que, cuatro años y medio después de la invasión a gran escala, todavía no encuentra una salida política a mediano plazo.

Consulta más contenido en nuestro portal Leea Estrategias Corporativas

