Por Miguel Ángel López Flores
El pasado fin de semana, la presidenta Claudia Sheinbaum dio por inaugurado el Tren Suburbano con destino al AIFA.
La inauguración del nuevo ramal del Tren Suburbano que conecta la Ciudad de México con el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) marca un momento relevante no sólo en términos de movilidad, sino en la reconfiguración del sistema ferroviario de pasajeros en el país.
El proyecto, puesto en operación el 26 de abril de 2026 y encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, permite recorrer la distancia entre Buenavista — en la Ciudad de México— y el AIFA en un tiempo estimado de 43 a 45 minutos, reduciendo de manera significativa los traslados que anteriormente podían superar las dos horas en transporte convencional.
La nueva infraestructura del recién bautizado “Tren Felipe Ángeles” se expande por aproximadamente 23 kilómetros de vía férrea que se integran al sistema del Tren Suburbano del Valle de México. Con esta ampliación, la red pasa de cerca de 27 kilómetros a un total aproximado de 50 kilómetros en operación, incorporando estaciones en municipios clave del Estado de México como Tultitlán, Tultepec, Nextlalpan y Zumpango.
Más allá de la cifra, el dato relevante es su función: conectar de manera directa una de las principales infraestructuras aeroportuarias del país con el centro de la capital, en un intento por resolver uno de los principales desafíos del AIFA: su accesibilidad.
La obra no puede entenderse de manera aislada, forma parte de una estrategia más amplia de recuperación del transporte ferroviario de pasajeros bajo conducción del Estado Mexicano, el cual ha impulsado proyectos en los últimos años que, en conjunto, superan los 1,500 kilómetros de nuevas rutas o rehabilitaciones, entre los que destacan desarrollos en el sureste y corredores logísticos estratégicos.

Este proceso representa un giro respecto a décadas anteriores, en las que el tren de pasajeros había quedado prácticamente relegado tras los procesos de concesión durante los años noventa.
El nuevo ramal al AIFA se inserta en esta lógica: no sólo como obra de conectividad, sino como parte de un modelo de movilidad que busca reequilibrar el papel del Estado en la infraestructura ferroviaria y cuyo alcance y desafíos se sintetizan en el impacto potencial del proyecto: la reducción en tiempos de traslado, la disminución de costos y la conexión directa con el aeropuerto. Se pretende, además, que este mismo tren llegue hasta Pachuca en los próximos años.
Asimismo, el Tren Suburbano se anexó a la conocida como “Movilidad Integrada” de la Ciudad de México, toda vez que su acceso será únicamente con la Tarjeta que se usa para el ingreso al Metro, Metrobús o Cablebús, entre otros transportes en la Ciudad de México.
En definitiva, la puesta en marcha del tren CDMX–AIFA representa, en lo inmediato, una mejora concreta en la conectividad aeroportuaria. Pero, en un plano más amplio, forma parte de un proceso de transformación en la política de infraestructura del país.
Su éxito no dependerá únicamente de su inauguración, sino de su capacidad para integrarse a la dinámica urbana y sostener su uso en el tiempo. En ese equilibrio entre obra, operación y demanda se definirá su verdadero impacto.
Consulta más contenido en nuestro portal Leea Estrategias Corporativas

