Por Alfonso López, San Cristóbal de la Casas
El domingo 20 de octubre partió un grande de la fraternidad mexicana. El sacerdote Marcelo Pérez Pérez, de origen tzotzil, quien fue asesinado en San Cristobal de las Casas, Chiapas, por un par de personas que fueron señalados como sicarios.
Nos lastima profundamente el dolor por la partida de quien fuera amigo de innumerables miembros de diversas comunidades indígenas, y un luchador social incansable. Por estas y muchas otras cualidades que le hicieron ser entrañable, el padre Marcelo siempre hablo desde el corazón de los pueblos originarios.

Siendo oriundo de San Andrés Larrainzar, su trabajo pastoral lo dedicó perennemente al servicio de los pueblos originarios, principalmente tzotziles, lo que lo llevó a desempeñarse como párroco de Simojivel, Chenalo y San Cristóbal de las Casas.
En su labor por esclarecer la matanza de Acteal y después en contra de los grupos locales de comerciantes de alcohol en Simojivel, se vio amenazado de muerte, por lo que el obispo de San Cristóbal lo cambió a este lugar para protegerlo de las diversas amenazas.
Ayer se cumplieron las amenazas de muerte contra un hombre religioso que siempre defendió los derechos de los pueblos indígenas a los que pertenecía y mostraba su amor fraterno.
Esperamos se haga justicia para Marcelo, a quien no dejaremos de agradecer y reverenciar por su trabajo, su acompañamiento y por su amor al pueblo.


