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Partido del Trabajo. De la lucha social radical al partidismo cómodo en coalición.

El Partido del Trabajo (PT) ha desarrollado una estrategia que lo mantiene vigente a pesar de ser una fuerza política minoritaria.

Por Miguel Ángel López Flores

El Partido del Trabajo (PT) ha desarrollado una estrategia que lo mantiene vigente a pesar de ser una fuerza política minoritaria.

Hablar del Partido del Trabajo (PT) es adentrarse en la historia de uno de los partidos políticos con mayor tradición en México. Fundado desde la auténtica lucha social, basado en estatus firmes pero centrados en la palabra de un solo hombre, el PT ha sobrevivido a procesos electorales complejos gracias a pactar alianzas de izquierda en los momentos correctos. 

Para comprender a detalle la permanencia del PT en el universo electoral mexicano, es indispensable considerar tanto las bases ideológicas que instauró en las estructuras orgánicas de su movimiento como la biografía política de su líder histórico: Alberto Anaya Gutierrez.

El trabajo de Anaya Gutiérrez representa, sin duda, el cómo algunos movimientos sociales radicales dieron paso a la institucionalización partidista que, poco a poco, cuajó en México durante las últimas décadas del siglo pasado. 

Durante los años 80, Anaya se consolidó como el principal dirigente del Frente Popular “Tierra y Libertad” en Monterrey. Dicha organización, como lo indica el mismo PT, fue pionera en la toma de tierras para familias precarizadas, estableciendo un sistema de colonias populares autónomas con sus propios sistemas de salud, educación y seguridad autogestivos. Esta dinámica lo colocó como un referente en la organización y movilización popular en el país.

Tras años de consolidación de su propio movimiento, Anaya se encargó de integrar a varias agrupaciones sociales como los Comités de Defensa Popular de Chihuahua y Durango, el Frente Popular de Lucha de Zacatecas, algunas fracciones del movimiento magisterial independiente y de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas, entre otras, para conformar al PT. Él mismo se puso a la cabeza. 

Dicha integración de organizaciones se basó en el principio de la “línea de masas”. Esta idea, confeccionada por Mao Zedong y adaptada principalmente por Aldolfo Orive —quien es considerado el principal ideólogo el PT—, establece que el partido y su líder nacen de la necesidad de recoger las ideas y urgencias de las masas —que están dispersas y no son sistemáticas— para sintetizarlas y estructurarlas, para que después se les regrese de manera que les sean beneficiosas y la puedan adoptar para su beneficio y subsistencia. Ideas comunistas aplicadas en un partido político mexicano. 

Esto último ha permitido que, a diferencia de otros partidos mexicanos que renuevan periódicamente sus dirigencias, Alberto Anaya tenga el control de la estructura interna del PT desde su fundación. Su recorrido en el Congreso de la Unión es de los más extensos que se conocen en el México moderno. Ha alternado a lo largo de los años, de forma casi ininterrumpida, entre la Cámara de Diputados y el Senado de la República a través de la vía de representación proporcional (plurinominal), lo que le permite mantener una influencia directa en las negociaciones de alto nivel del Poder Legislativo.

Regresando a la historia del partido, con dichas bases, el 08 de diciembre de 1990 el partido celebró su asamblea constitutiva en el Auditorio “Plan Sexenal” de la Ciudad de México, tomando como lema la frase “Unidad Nacional, ¡Todo el poder al Pueblo!”, con miras a participar en las elecciones federales de 1991. 

Durante su primera jornada electoral, el PT obtuvo apenas el 1.14% de la votación —aproximadamente 270 mil votos—, perdiendo el registro ya que no alcanzó el 1.5% exigido en ese momento; una historia muy parecida a la vivida por el Partido Verde. Tras dos años y un intenso proceso de reorganización, aunado a la realización de asambleas en 18 estados, el Instituto Federal Electoral (IFE) le otorgó un nuevo registro en enero de 1993. 

Como una de sus primeras acciones con miras a preparar la elección federal de 1994, el PT aprobó a principios de 1993, en su Segundo Congreso Nacional, que el 70% de sus candidaturas debían ser cedidas a la sociedad civil. Con ello, además de asegurar alianzas estratégicas en todo el país, logró postular candidatos a la Cámara de Diputados en cada uno de los distritos y circunscripciones electorales, y candidatos al Senado en cada estado de la República. 

Y como jugada principal para las elecciones presidenciales de 1994, la militancia postuló a Cecilia Soto debido a su amplia trayectoria en partidos de izquierda —como el Partido Laborista Mexicano y el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana— y a su reconocida labor académica y legislativa. Su eje de campaña se basó en establecer al PT como una nueva expectativa de izquierda con el eslogan “súmate a la nueva opción”. La habilidad oratoria de Soto, además, permitió elaborar una campaña centrada en economía, política energética, macroeconomía y desarrollo industrial; temas en auge durante la época. Su imagen resaltó rápidamente. Cabe mencionar que evitó, en todo momento, explotar la agenda feminista o de género como eje de campaña. 

Aunado a ello, según la investigación de Miguel Gonzalez Madrid, “Un partido minoritario en ascenso”, publicada por la UAM, la campaña de Soto contó con un inusual apoyo por parte de los medios de comunicación tradicionales al darle una amplia cobertura y presencia en pantalla. Periodistas de la época como Miguel Angel Granados Chapa achacaron este fenómeno a que el PRI buscó pulverizar el voto de la izquierda para debilitar, directamente, a Cuauhtemoc Cardenas.

Alberto Anaya ha sido el único dirigente del Partido del Trabajo desde su fundación
Alberto Anaya ha sido el único dirigente del PT desde su fundación. Foto: La Razón.

La suma de todo lo anterior le valió al PT cerca de un millón de votos —2.75%, de la elección total—, asegurando su permanencia definitiva en el mapa electoral como cuarta fuerza nacional. Su presencia en la Cámara de Diputados estribó en diez escaños —uno de los cuales ocupó Alberto Anaya—.

Sin embargo, en las elecciones federales intermedias de 1997, el PT sufrió un pequeño revés electoral al registrar únicamente el 2.65% de la votación nacional. Este porcentaje redujo su presencia en la Cámara de Diputados a sólo siete legisladores. La reforma electoral de ese año, que elevaba las exigencias para mantener el financiamiento y el registro, le obligó a replantear su supervivencia a través de alianzas estratégicas. 

Para el año 2000, el PT abandonó definitivamente las postulaciones presidenciales individuales y se integró a la Alianza por México, junto al Partido de la Revolución Democrática (PRD) y otras fuerzas políticas, para apoyar a Cuahtemoc Cardenas. Aunque la coalición presidencial no obtuvo el triunfo, el acuerdo le permitió al PT asegurar su permanencia legislativa al obtener ocho diputados federales y un senador, con una votación legislativa del 18.68% en bloque. Su presencia en el entonces Distrito Federal se consolidó tras apoyar a Andrés Manuel López Obrador en la elección local.

Tres años después, para las elecciones intermedias, el PT compitió solo a nivel federal. Su sola presencia le sumó el 2.4% de la votación nacional, asegurando 6 escaños en la Cámara de Diputados.

Fiel a su olfato político, durante el último tramo del sexenio de Vicente Fox, Anaya Gutierrez tomó la decisión más importante en la historia del PT: unirse a la lucha político-electoral de Andrés Manuel López Obrador (Amlo), incluso en sus momentos más radicales. Para las elecciones de 2006, formó parte de la coalición “Por el Bien de Todos” elevando su capital político a una votación aproximada del 6% nacional, obteniendo 12 diputaciones y 3 senadurías. 

El sexenio de Felipe Calderón le significó al PT una constante lucha en dos frentes: apoyar a Amlo en su lucha postelectoral y, por su parte, refrendar su permanencia en la opinión pública como una opción independiente, ya que en algunos estados y municipios tenía que competir solo. Para las elecciones de 2012, El PT logró conservar su registro nacional y conformar sus propias bancadas legislativas mediante las asignaciones obtenidas dentro de la coalición “Movimiento Progresista” —encabezada por el PRD y secundada también por Movimiento Ciudadano—. En la Cámara de Diputados obtuvo diecinueve lugares y en la de Senadores cuatro escaños. La Coalición obtuvo un nada despreciable porcentaje de 31.59% de la votación nacional.

El mismo PT admite que, durante el año 2015, el partido vivió su mayor crisis al quedar inicialmente por debajo del 3% mínimo legal requerido en la jornada electoral federal de dicho año. Sin embargo, recuperó el registro semanas después gracias a una elección extraordinaria en el Distrito 01 de Aguascalientes. Se demostró que, igual que otros partidos políticos, al PT se le complicaba competir solo gracias a su falta de cuadros y nulo desarrollo de referentes internos. 

Paradójicamente a lo último mencionado, los próximo años, gracias a la enorme proyección de Amlo —y de su partido político Morena— en las preferencias electorales a nivel nacional, el PT vivió sus mejores números. Para 2018, alcanzó su máximo histórico al ser integrante de la coalición “Juntos Haremos Historia”: consiguió el 6% de la votación y se convirtió temporalmente en la tercera fuerza en la Cámara de Diputados con más de sesenta diputados, debido a transferencias e incentivos de bancada.

Para las elecciones de 2021 y 2024, Anaya Gutierrez y el PT refrendaron su alianza estratégica con Morena y el PVEM, aportando votos esenciales para la victoria presidencial de Claudia Sheinbaum en 2024 y manteniendo márgenes superiores al 3% legal para preservar el registro nacional. Su estrategia se mantuvo intacta. 

Se debe mencionar que, a lo largo de los años, además de su estructura y estrategia federal, el PT ha cogobernado múltiples alcaldías y distritos locales en sus bastiones históricos como Nuevo León, Durango, Zacatecas y Oaxaca, sirviendo como canal de representación para frentes populares y organizaciones de la sociedad civil. 

En la actualidad, además de la profunda crisis interna al no tener figuras propias o cuadros jóvenes dentro de su estructura, aunada a una baja comprobada de militantes, el PT enfrenta parte de la agenda legislativa de Morena en 2026. El ejemplo más claro fue la llamada “reforma electoral”, donde se plantearon dilemas sobre la autonomía e importancia de los partidos minoritarios frente a las fuerzas dominantes y el peso específico de los candidatos plurinominales para la vida política nacional.

La duda de saberse necesarios tendrá que ser mitigada con trabajo real. Posiblemente, el regreso a sus raíces es la clave de ello. Todo indica que la historia del PT seguirá en alianza, sin embargo, es urgente que compita solo en plazas más importantes para seguir negociando su valor como partido de izquierda.

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