Por Miguel Ángel López Flores
El verano ha traído consigo la llegada de dos nuevos partidos políticos a nuestro país. El INE ha otorgado formalmente el registro a ambos.
A lo largo de su historia moderna, México ha transformado su sistema político para pasar de un régimen de partido casi único a un ecosistema pluripartidista, ya sea para legitimar las decisiones de su clase política o, en muchas ocasiones, para ser bien visto por organizaciones económicas o internacionales. Como sea, hoy en día es normal ver cómo, de vez en cuando, llegan nuevas siglas, colores y nombres a spots, noticias o pintas urbanas por todo el país. Pero ¿por qué es necesario? ¿Todos se merecen la oportunidad?
Los partidos políticos, al menos en la teoría, deben hacer alarde de democracia real a lo largo de las sociedades donde existen y conviven. Giovanni Sartori, en su libro Partidos y sistemas de partidos define como partido político a “cualquier grupo político que se presenta a elecciones y que puede colocar, mediante ellas, a sus candidatos en cargos públicos”. Como se puede leer, Sartori privilegia el objetivo esencial de todo partido político: alcanzar el poder político para gestionar las instituciones legalmente establecidas por el estado y, solo así, gobernar. La competencia, además, es esencial.
La pregunta de porque México sigue aceptando y regulando la creación de nuevas y tantas organizaciones políticas es importante, ya que podría optar por un sistema bipartidista, como en muchos países, donde se reparte el poder periódicamente sin mayor complicación.
Se debe mencionar que el caso mexicano no se trata de un simple capricho burocrático, sino de un mandato constitucional e, implícitamente, una necesidad social para asegurar que el poder no se concentre en pocas manos y, de alguna forma u otra, que las nuevas demandas de la población encuentren un canal legal y pacífico para expresarse. Ideas novedosas que nos dejó el Siglo XX.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo 35, establece que “es derecho de todos los ciudadanos asociarse libre e individualmente para tomar parte, en forma pacífica, en los asuntos políticos del país”. Por lo tanto, impedir la formación de nuevas opciones sería atentar contra un derecho otorgado. La ley no puede cerrar la puerta a ningún grupo de personas que anhela organizarse, siempre y cuando, cumpla con las exigencias de la ley electoral. Tema de interés nacional, en pocas palabras.
Por lo anterior, en México el proceso para la creación de partidos políticos es uno de los más estrictos del mundo. El Instituto Nacional Electoral (INE) vigila que las organizaciones, legalmente establecidas, demuestren un verdadero respaldo popular —exigiendo mínimos de afiliados y la realización de asambleas en, por lo menos, 20 estados o 200 distritos electorales— y que sus recursos económicos sean transparentes, lejanos de crimen organizado o de intereses privados. Adicionalmente, cada organización postulante debe presentar una serie de documentos como estatus, agendas políticas y base de principios. Todo ello pasa a revisiones detalladas dentro de la autoridad electoral.
Sin embargo, para conservar el registro y poder seguir recibiendo dinero público, el requisito más complicado para un partido político nuevo es conseguir por sí solo al menos el 3% de la votación en su primera elección federal. Lo anterior, además de legitimar su presencia en la palestra política nacional, comprueba que su inclusión en el presupuesto es necesaria para la sociedad. Se debe recordar que, por ejemplo, el Partido del Trabajo o el Partido Verde Ecologista, perdieron su registro en su primer intento electoral, orillando que reiniciaran el proceso desde cero. La lucha, si bien no se detiene, les demandó cambiar de estrategias e, inevitablemente, acercarse a la ciudadanía de maneras más creativas o populares.
Aunque a veces la ciudadanía critique el costo económico de financiar y sostener más partidos políticos —solo en 2026, los partidos políticos actuales recibieron 7,737 millones de pesos conforme lo reportado por el INE—, el precio de una política cerrada e intocable sería mucho más alto para la libertad de la ciudadanía. El poder debe distribuirse de manera adecuada y sostenida por la ciudadanía.
Tomando en cuenta lo anterior, y en medio del home office dictado por el Mundial de fútbol, México añadió a dos nuevos partidos políticos nacionales a su mapa electoral: Construyendo Sociedades de Paz (PAZ) y Somos México.

El INE formalizó sus registros a finales de junio de 2026, permitiéndoles competir de manera independiente en los comicios federales de 2027. Sin duda, el nacimiento de estas fuerzas políticas no es un hecho aislado: responde a las tensiones, herencias, derrotas y reconfiguraciones de la vida pública mexicana actual. Además, el propio partido en el gobierno ha fomentado, como nadie y como nunca, la participación ciudadana.
La asociación civil Construyendo Sociedades de Paz, conocida sencillamente como el partido PAZ, vinculada con la comunidad evangélica, fue la primera fuerza política en conseguir el registro en 2026. Su estructura ya cuenta con una larga trayectoria en el escenario nacional. PAZ representa el tercer intento formal de la base política que anteriormente conformó al Partido Encuentro Social (PES) y, posteriormente, al Partido Encuentro Solidario.
El INE reporta que logró validar 275 asambleas distritales y un padrón que superó los 334 mil afiliados. Situado en una postura cercana a la llamada “Cuarta Transformación”, ha manifestado una relación de cordialidad hacia el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, buscando posicionarse como una alternativa moderada que abandere causas de pacificación social y valores comunitarios. Sin embargo, se ha caracterizado por enarbolar algunas agendas conservadoras y provida. Competirán para demostrar que la “tercera es la vencida”.
Por el contrario, Somos México, emergió con una identidad claramente opositora y crítica al gobierno federal actual. Impulsado por personajes de la oposición civil y ex miembros del PRD o el PAN, este nuevo partido centró su narrativa en la defensa de la autonomía institucional, el contrapeso de poderes y la pluralidad democrática. Causas legítimas, por supuesto.
Diversas fuentes indican que, el nacimiento de Somos México representó la legalización de algunos movimientos ciudadanos encabezados por la llamada “Marea rosa”, que enarboló la defensa de las instituciones electorales en el proceso electoral anterior. Durante su proceso de registro, el nuevo partido político avaló más de 240 asambleas distritales y un padrón con 350 mil afiliados.
Y así, con la entrega formal a los nuevos dos partidos políticos, de sus constancias, oficinas y prerrogativas presupuestarias desde julio de 2026 —174 millones de pesos entre ambos, para los próximos seis meses, conforme lo reportado por el INE—, México cuenta ya con un total de ocho partidos políticos nacionales con registro.
Si bien la vida democrática de México inicia una nueva etapa, con dos partidos políticos nuevos, parece que el sistema de partidos le está dando una última oportunidad a varios personajes que han fracasado en el pasado, con biografías desgastadas e identidades difuminadas por la cantidad de colores que han apoyado en el pasado. El tiempo y las elecciones de 2027 tendrán la última palabra.
Por su parte, el gobierno actual tendrá que aprender a lidiar con el golpeteo propio de quien buscará solo llamar la atención del electorado. La democracia mexicana en su mayor esplendor, aunque algunos ya no lo merezcan.
Consulta más contenido en nuestro portal Leea Estrategias Corporativas

