Por Ariadna Cantarell
Para no quedar atrapados en una brecha, estar capacitados para utilizar la inteligencia artificial adecuadamente será determinante en el sector laboral.
La inteligencia artificial (IA) se está posicionando en empresas, escuelas, hospitales, oficinas y gobiernos con una velocidad que hace apenas unos años habría resultado difícil de imaginar.
Su expansión, sin embargo, no ocurre sobre un “terreno parejo”, según lo ha advertido el Banco Mundial (BM) al señalar que, durante la primera semana de agosto, la capacidad de aprovechar la IA se encuentra fuertemente condicionada por el acceso a conectividad, cómputo, datos y habilidades; condiciones que siguen distribuidas de manera muy desigual entre las economías.
El diagnóstico del BM forma parte del World Development Report 2026: The Promise of Artificial Intelligence, presentado en Washington y que plantea una cuestión que rebasa la discusión sobre cuántos empleos desaparecerán: ¿quiénes tendrán las condiciones para obtener los beneficios de la nueva tecnología?
Comienza dicha concentración por la propia capacidad de desarrollar IA, como se precisa en el Digital Progress and Trends Report 2025: Strengthening AI Foundations, publicado con antelación por el BM en noviembre de ese año, donde se destaca que los países de ingresos altos concentraban 87% de los modelos de IA considerados relevantes, 86% de las empresas emergentes de IA y 91% del financiamiento acumulado de capital de riesgo destinado a estas compañías, aunque representaban sólo 17% de la población mundial.
La misma fuente reportó que esas economías concentraban 77% de la capacidad mundial de centros de datos de colocación, frente a 18% de los países de ingreso medio alto, 5% de los de ingreso medio bajo y menos de 0.1% de los países de bajos ingresos.
Esa concentración no significa que las economías en desarrollo estén fuera de la revolución tecnológica, ya que el propio Banco Mundial encontró que, a mediados de 2025, más de 40% del tráfico mundial de ChatGPT provenía de países de ingreso medio, encabezados por Brasil, India, Indonesia y Vietnam.
También identificó un crecimiento acelerado de la demanda de talento: las vacantes relacionadas con IA generativa se multiplicaron por nueve entre 2021 y 2024 y una de cada cinco correspondía a países de ingreso medio. La paradoja resulta interesante: muchas economías que todavía no desarrollan los modelos más avanzados ya están utilizando la tecnología y formando parte de su mercado laboral.
Sin embargo, el acceso determina qué tan lejos puede llegar esa adopción y, al respecto, es importante observar el análisis sobre América Latina y el Caribe elaborado junto con la Organización Internacional del Trabajo y publicado en 2025, en el cual se acredita al Banco Mundial la estimación de que entre 26% y 38% de los empleos de la región están expuestos de alguna manera a la IA generativa y que entre 8% y 14% podrían experimentar una transformación que aumente su productividad.
De ello se desprende que hasta 17 millones de empleos, equivalentes a una parte importante de aquellos con potencial de mejora, no podrían aprovecharla plenamente por carencias de infraestructura y acceso digital; dicho en otras palabras, los empleos con mayor exposición se concentran además en trabajadores urbanos, formales, con mayor educación e ingresos.
México ofrece un ejemplo particularmente claro de esa desigualdad dentro de un mismo país. Una investigación del Banco Mundial sobre América Latina encontró que los trabajadores mexicanos ubicados en el 20% de mayores ingresos —el quintil superior, es decir, el quinto grupo de cinco en que se divide a la población según sus ingresos— tienen 5.6 veces más probabilidades que quienes pertenecen al 20% de menores ingresos de desempeñarse en empleos expuestos a beneficios de la IA generativa y, al mismo tiempo, utilizar computadoras.

La diferencia no describe únicamente una brecha de ingresos, muestra cómo empleo, habilidades y acceso tecnológico se superponen y pueden determinar quién tiene posibilidades reales de utilizar una herramienta de IA en el trabajo.
México también presenta diferencias territoriales que señala la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en su ficha de México de Job Creation and Local Economic Development 2024, en donde estimó que alrededor de 19% del empleo nacional estaba expuesto a la IA generativa, bajo una definición según la cual al menos 20% de las tareas de una ocupación podrían realizarse en la mitad del tiempo con ayuda de esta tecnología.
En ese marco, y según el estudio, la proporción varía considerablemente entre entidades: 13.7% en Oaxaca, 21.6% en Nuevo León y 23.4% en Quintana Roo, mientras el promedio de la OCDE alcanzaba 26%. El dato muestra que la transformación tecnológica tampoco tendrá la misma intensidad dentro del territorio nacional.
La dimensión empresarial agrega otra capa al problema cuando se revisa otro estudio de la misma OCDE (Economic Survey of Mexico 2026, publicado en febrero), el cual señala que 69% de las empresas mexicanas reportaron dificultades para encontrar trabajadores calificados en 2023, frente a 38% en 2013. La organización identifica una carencia muy marcada de capacidades digitales y advierte que las empresas medianas y grandes, precisamente aquellas que suelen adoptar tecnologías digitales con mayor rapidez, se encuentran entre las más afectadas por la escasez de talento.
Ahora bien, la exposición al cambio tecnológico tampoco equivale en automático a pérdida de empleo, pues un nuevo informe del Banco Mundial muestra una diferencia importante entre economías desarrolladas y en desarrollo: 4.5% de los empleos existentes en países de ingreso bajo y medio se encuentra en riesgo de automatización por IA generativa, frente a 14.2% en las economías de ingresos altos.
Al mismo tiempo, 16.2% de los empleos en las economías en desarrollo podría experimentar mejoras significativas de productividad, una proporción cercana al 18.7% estimado para las economías de altos ingresos. El contraste modifica el centro del debate: en muchos países en desarrollo, la amenaza inmediata no es que la IA sustituya masivamente a los trabajadores, sino que una parte de ellos no tenga las herramientas necesarias para trabajar mejor con ella.
Actualmente, el mercado laboral ya ofrece señales de que las habilidades están adquiriendo valor propio, como puede constatarse en el estudio Staff Discussion Note del Fondo Monetario Internacional, publicado recientemente bajo el título Bridging Skill Gaps for the Future: New Jobs Creation in the AI Age, documento en que se asegura que las nuevas habilidades aparecen primero en las economías avanzadas y después se extienden hacia otros mercados.
Por ejemplo —señala el documento—, en Estados Unidos y Reino Unido las vacantes que incorporan nuevas habilidades están asociadas con incrementos salariales de alrededor de 3% a 3.4%, mientras aquellas que exigen cuatro o más nuevas habilidades presentan primas de hasta 8.5% en Estados Unidos y 15.1% en Reino Unido. El estudio también advierte que la demanda específica de habilidades relacionadas con IA todavía no se traduce de manera uniforme en mayor empleo y puede generar presión sobre determinadas ocupaciones de nivel medio.
Por tanto, la desigualdad tecnológica no se reduce a tener o no tener internet, más bien involucra electricidad confiable, conectividad, capacidad de cómputo, dispositivos, datos, formación, empresas capaces de adoptar tecnología y sistemas educativos que puedan actualizar las habilidades de millones de trabajadores.
Resume el BM estas condiciones en cuatro elementos: conectividad, capacidad de cómputo, contexto —datos y lenguas locales— y competencias. Aquí, la diferencia entre países es considerable: mientras 93% de la población de las economías de altos ingresos utiliza internet, la proporción baja a 54% en países de ingreso medio bajo y a 27% en los de bajos ingresos; en habilidades digitales básicas, la brecha también es amplia.

México no parte de cero al contar con universidades y centros de investigación, una industria tecnológica en expansión, empresas de servicios digitales y una amplia base empresarial que puede convertirse en usuaria y desarrolladora de soluciones de inteligencia artificial; el desafío está en extender esas capacidades con suficiente velocidad y profundidad.
Al respecto, la OCDE, en su Economic Survey of Mexico 2026, identifica rezagos concretos: baja adopción de tecnologías digitales entre las empresas, especialmente entre las pequeñas y medianas; limitaciones en las competencias digitales y una oferta todavía insuficiente de formación técnica con componentes tecnológicos.
Para enfrentarlos, recomienda fortalecer la enseñanza de habilidades digitales desde los primeros niveles educativos, incorporar programación, alfabetización de datos y uso responsable de IA en los planes de estudio, ampliar la formación vocacional y extender las oportunidades de actualización digital para trabajadores adultos.
Aquí, es de señalar que el país ha comenzado a construir algunas de esas capacidades, como lo señala la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, poniendo en marcha el Centro Público de Formación en Inteligencia Artificial y, durante 2026, abrió MEXIA, un programa gratuito de formación especializada en programación e IA desarrollado con participación de gobierno, academia e industria.
La primera generación reporta 12,400 inscripciones y 17 empresas aliadas, mientras la agenda gubernamental plantea alcanzar 100 mil personas certificadas en tecnologías emergentes e inteligencia artificial para 2030; a ello se suman programas del Tecnológico Nacional de México para formar docentes y estudiantes en IA. Son pasos todavía recientes, pero muestran que la discusión sobre la brecha tecnológica ya empieza a traducirse en políticas de formación y desarrollo de capacidades.
Hoy por hoy, la IA puede reducir ciertas brechas, pero también puede ampliar otras, es decir, una pequeña empresa puede acceder hoy a herramientas que hace pocos años sólo estaban al alcance de grandes corporaciones, un médico puede utilizar sistemas de apoyo al diagnóstico, un profesor puede personalizar materiales, una empresa manufacturera puede optimizar procesos sin construir desde cero una plataforma tecnológica. En ese marco, el Banco Mundial sostiene que las aplicaciones de IA de menor escala y costo pueden permitir a los países en desarrollo avanzar sin necesidad de construir por sí mismos los grandes modelos ni los enormes centros de datos que dominan la industria.
El resultado dependerá de cómo se distribuya esa capacidad, así que la próxima brecha tecnológica no necesariamente separará a quienes tienen IA de quienes no la tienen; puede separar a quienes saben incorporarla a su trabajo y a sus empresas de quienes sólo pueden consumirla de manera superficial. Para México, la cuestión es construir las condiciones para que la tecnología se traduzca en productividad, mejores empleos y nuevas capacidades empresariales

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