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México y Corea del Sur buscan una relación más estratégica

Editorial LEEA

La visita del presidente de Corea del Sur a México debe entenderse como una búsqueda por estrechar vínculos de cooperación más allá del plano puramente comercial.

Dieciséis años después de la última visita de un presidente surcoreano a México, Lee Jae-myung llegó a Ciudad de México con una agenda que rebasa el protocolo diplomático. La visita de Estado, realizada del 23 al 26 de septiembre, ocurre en un momento en que Corea del Sur busca asegurar mercados, cadenas de suministro y espacios de cooperación tecnológica, mientras México enfrenta la reorganización productiva de América del Norte y la revisión de sus relaciones comerciales con Estados Unidos.

El encuentro con la presidenta Claudia Sheinbaum puso sobre la mesa comercio, inversión, energía, minerales, inteligencia artificial, tecnología digital, industria aeroespacial, defensa, educación y cultura. Ambos gobiernos acordaron una nueva hoja de ruta para 2026-2030 y suscribieron acuerdos de cooperación en distintas áreas.

La amplitud de la agenda muestra que la relación bilateral ya no puede explicarse sólo por el intercambio de mercancías: Corea busca fortalecer su presencia en una economía mexicana integrada a Norteamérica, mientras México necesita ampliar sus vínculos con Asia en sectores de mayor contenido tecnológico.

Hablando de números, el comercio entre ambos países alcanzó 29.7 mil millones de dólares en 2025, de acuerdo con la Secretaría de Relaciones Exteriores, que identifica a Corea del Sur como el quinto socio comercial de México. Asimismo, datos de la Secretaría de Economía muestran, además, una relación comercial profundamente asimétrica: durante 2026 las importaciones mexicanas provenientes de Corea del Sur superan ampliamente las exportaciones nacionales hacia ese mercado y, para muestra, es importante destacar que durante julio México exportó 515 millones de dólares a Corea del Sur e importó 3 mil 746 millones, con un déficit mensual de 3 mil 231 millones de dólares.

Detrás de esas cifras existe una relación industrial que lleva años desarrollándose. Un ejemplo es el hecho de que México alberga más de 2,000 empresas surcoreanas, según la Cancillería mexicana, y las cadenas productivas vinculadas con Corea del Sur tienen presencia en sectores manufactureros relevantes.

Para Seúl, el país representa además una plataforma de acceso al mercado norteamericano, a grado que el propio Ministerio de Comercio, Industria y Recursos de Corea del Sur describió en abril a México como una puerta de entrada para empresas coreanas hacia América Latina y las cadenas de suministro del T-MEC.

Ese elemento adquiere particular importancia ante la revisión del T-MEC, en un momento en que las empresas coreanas instaladas en México producen dentro de cadenas que dependen de las reglas de origen y del acceso preferencial al mercado estadounidense; razón por la cual la estabilidad de las reglas comerciales de Norteamérica también forma parte de la relación México–Corea del Sur. En abril, el gobierno surcoreano expresó precisamente su preocupación por los cambios arancelarios mexicanos y por la revisión del acuerdo trilateral prevista para 2026.

Para México, la relación ofrece una posibilidad que va más allá de atraer capital, pues la agenda acordada con Seúl coloca en primer plano áreas en las que Corea del Sur posee capacidades industriales y tecnológicas consolidadas: semiconductores, inteligencia artificial, vehículos eléctricos, baterías, aeroespacial y manufactura avanzada.

Lee Jae-myung señaló antes de la cumbre que la combinación de la tecnología surcoreana con la base industrial mexicana podría abrir nuevas oportunidades de crecimiento y mencionó en específico semiconductores, industria aeroespacial y vehículos eléctricos como sectores de cooperación.

También puede observarse un matiz diplomático en el intercambio entre México y Corea del Sur, toda vez que participan conjuntamente en MIKTA, junto con Indonesia, Turquía y Australia, además de coincidir en espacios como el G20, APEC y Naciones Unidas. La relación bilateral, por tanto, tiene un eje económico, pero también constituye un canal de diálogo entre América del Norte, Asia-Pacífico y los países de renta media que buscan mayor capacidad de interlocución en un sistema internacional fragmentado.

La visita de Lee Jae-myung puede leerse, entonces, como algo más que el restablecimiento de un intercambio presidencial que llevaba 16 años pendiente. Ocurre en un momento en que Corea del Sur necesita diversificar y asegurar sus vínculos económicos, mientras México busca consolidar su posición dentro de las cadenas norteamericanas sin reducir sus posibilidades de relación con otras regiones.

Los acuerdos alcanzados tendrán que traducirse en inversiones, transferencia tecnológica, mayor participación de empresas mexicanas en cadenas de suministro y un intercambio comercial menos desequilibrado para que la nueva etapa bilateral trascienda la declaración política.

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