Saberes de la tierra
Por Ariadna Cantarell
El empacho es un padecimiento que hoy ha sido identificado con diversos síntomas por la medicina, pero que se conoce de manera ancestral en nuestro país.
En casi todos los hogares mexicanos existe una escena que se repite desde hace generaciones y tiene qué ver con la frecuencia en que un niño o una niña suele dejar sus alimentos a medio consumir, se lleva las manos al estómago, pierde el apetito o comienza a quejarse de dolor que será identificado —antes de pensar en una enfermedad grave—, por una abuela, una madre o una tía como empacho.
La razón, luego de una rápida exploración doméstica es que las expertas de casa reconocen que al dolor sigue un proceso de inflamación en la pancita, falta de apetito, náuseas o cambios en sus evacuaciones.
Para millones de personas, el empacho no es una simple expresión popular, sino una forma de nombrar un conjunto de molestias digestivas que la experiencia cotidiana aprendió a reconocer mucho antes de que existieran hospitales, laboratorios o consultorios médicos.
Esa permanencia ha convertido al empacho en uno de los padecimientos tradicionales mejor documentados de México y América Latina, al grado de despertar el interés de historiadores, antropólogos, médicos e investigadores que han buscado comprender por qué continúa formando parte de la cultura del cuidado de la salud.
Hablar del empacho exige dejar de lado la falsa idea de que tradición y ciencia pertenecen a mundos opuestos. En realidad, ambas buscan responder una misma pregunta: ¿qué ocurre cuando el cuerpo deja de funcionar con normalidad? La diferencia radica en la manera de interpretar los síntomas, nombrarlos y tratarlos.
La historia demuestra que el empacho no nació como una ocurrencia popular, ya que diversos estudios sobre medicina novohispana sitúan antecedentes de este padecimiento en el Libellus de medicinalibus indorum herbis, conocido como Códice De la Cruz-Badiano, elaborado en 1552 y considerado el primer tratado médico escrito en toda América. Desde entonces, aparecen registradas plantas y procedimientos destinados a aliviar diversos trastornos digestivos que hoy forman parte de la medicina tradicional mexicana.
Con el paso de los siglos, el empacho continuó presente en la práctica médica popular y también llamó la atención de médicos mexicanos que intentaron comprenderlo desde la ciencia de su tiempo y, por esa razón, durante los siglos XIX y XX dejó de ser únicamente un conocimiento transmitido en las familias para convertirse también en objeto de estudio de la historia de la medicina y de la antropología médica.
Uno de los investigadores que más ha estudiado el empacho en Iberoamérica es el médico, antropólogo e historiador de la medicina Roberto Campos Navarro, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y quien desde hace más de tres décadas ha documentado este padecimiento a través de investigaciones históricas, antropológicas y médicas, así como de una amplia colección de monografías dedicadas al empacho en distintos países de América Latina y Europa.
Entre ellas destacan El empacho en México. Antología (siglos XVI-XX), El empacho en el Uruguay (1710-2018), El empacho en Cuba y el Caribe. Siglos XVII-XXI y L’enfit o empacho, una enfermedad popular en la Comunitat Valenciana. A partir de ese trabajo sostiene que el empacho forma parte de las llamadas enfermedades culturalmente delimitadas, es decir, padecimientos cuya comprensión y tratamiento sólo pueden entenderse dentro del contexto histórico y cultural de las comunidades que los reconocen.
Esta denominación no implica que se trate de enfermedades imaginarias, sino que su significado y formas de atención responden a sistemas de conocimiento construidos socialmente y transmitidos de generación en generación, perspectiva que resulta de gran relevancia porque evita desacreditar el conocimiento tradicional.

La antropología médica sostiene que las personas no experimentan la enfermedad únicamente desde la biología; también la viven desde su cultura, su lenguaje, sus costumbres y las formas de atención que han aprendido dentro de su comunidad. Por ello, comprender el empacho implica reconocer la historia de quienes lo nombran, lo registran y lo atienden.
Por su parte, la medicina contemporánea no identifica el empacho como un diagnóstico clínico específico, aunque sí reconoce síntomas que suelen agruparse bajo ese nombre: digestión lenta, distensión abdominal, acumulación de gases, estreñimiento, cólicos, pérdida del apetito, náuseas o sensación de pesadez después de comer.
Desde la gastroenterología, estos cuadros pueden tener diversas causas fisiológicas, ubicadas en la medicina tradicional, por lo que se sitúan como parte de un mismo proceso que altera el equilibrio digestivo; es decir, no se trata de dos explicaciones incompatibles, sino de dos formas distintas de interpretar una misma experiencia corporal.
Desde 1978, con la Declaración de Alma-Ata sobre Atención Primaria de la Salud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció la importancia de la medicina tradicional como un recurso fundamental para millones de personas, en especial en comunidades donde constituye la primera forma de atención.
Ese reconocimiento se fortaleció con la Estrategia de la OMS sobre Medicina Tradicional 2002-2005, posteriormente con la Estrategia 2014-2023 y, más recientemente, con la creación del Centro Mundial de Medicina Tradicional en 2022, mediante el cual impulsa la investigación científica, la preservación del conocimiento ancestral y el desarrollo de políticas públicas que garanticen la seguridad, calidad y uso responsable de estas prácticas. México ocupa un lugar privilegiado en ese esfuerzo por la enorme diversidad biológica y cultural que resguarda.
México no sólo resguarda una de las floras más diversas del planeta, también conserva uno de los patrimonios de conocimiento medicinal más ricos del continente; tan es así que investigaciones de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), la UNAM y otras instituciones estiman que en el país se utilizan entre 4,000 y 4,500 especies de plantas con fines medicinales, una riqueza construida por decenas de pueblos originarios que, durante siglos, observaron la naturaleza, identificaron las propiedades de las especies y transmitieron ese conocimiento de generación en generación.
Hoy, ese legado constituye uno de los principales referentes de la medicina tradicional reconocida por la OMS y un campo de investigación permanente para la botánica, la farmacología, la etnobiología y la antropología médica.
Como es posible observar, instituciones como la UNAM, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias, y diversos centros especializados, han documentado durante décadas el uso medicinal de cientos de especies vegetales empleadas para aliviar trastornos digestivos. Esa riqueza no sólo habla de biodiversidad; también refleja siglos de observación paciente, de transmisión oral y de aprendizaje colectivo que hoy constituye parte del patrimonio biocultural del país.
Las plantas utilizadas para aliviar el empacho varían de una región a otra. Manzanilla, hierbabuena, anís, epazote y otras especies aparecen de manera recurrente en investigaciones etnobotánicas mexicanas; cada comunidad ha desarrollado formas particulares de preparación y consumo, generalmente mediante infusiones, acompañadas en ocasiones de masajes abdominales o maniobras tradicionales cuyo propósito consiste en favorecer el bienestar digestivo. Estos conocimientos forman parte de una práctica integral que entiende la salud como un equilibrio entre alimentación, cuerpo, naturaleza y experiencia.
En muchas comunidades mexicanas, el tratamiento del empacho no se limita al consumo de plantas medicinales, la tradición incorpora también sobadas abdominales, la conocida práctica de “tronar” o “quebrar” el empacho, el uso de una cinta para medir el cuerpo o la técnica de “levantar el cuerito”.

Estas prácticas han sido ampliamente documentadas por investigadores de la medicina tradicional y la antropología médica, no como curiosidades folclóricas, sino como expresiones de un sistema de atención construido a partir de la experiencia y transmitido durante generaciones mediante la tradición oral.
Como ocurre con cualquier forma de atención a la salud, estas prácticas deben entenderse dentro de su contexto, ya que algunas pueden brindar alivio o favorecer el bienestar cuando forman parte de conocimientos ampliamente compartidos por una comunidad.
Otras requieren mayor investigación o pueden no ser apropiadas en determinadas circunstancias; no obstante, lo importante es reconocer que el conocimiento tradicional nunca ha permanecido inmóvil: se transforma, incorpora nuevos saberes y convive con la medicina contemporánea sin perder su identidad.
En ese sentido, la herbolaria continúa ofreciendo una valiosa enseñanza, pues durante siglos las familias aprendieron a observar el cuerpo, identificar cambios en el apetito, la digestión o el estado de ánimo, y responder con los recursos disponibles en su entorno. Esa capacidad de observación permitió construir un conocimiento práctico que hoy forma parte del patrimonio cultural de México.
Lejos de enfrentar tradición y ciencia, el estudio del empacho muestra que ambas pueden complementarse, ya que mientras la investigación médica continúa explicando los mecanismos fisiológicos de muchos trastornos digestivos, la medicina tradicional recuerda que el cuidado de la salud también se construye mediante la experiencia, la convivencia y la transmisión de saberes entre generaciones.
Comprender el empacho no significa renunciar a la medicina moderna ni sustituir la atención profesional cuando ésta resulta necesaria, más bien implica reconocer que los pueblos desarrollaron formas propias de interpretar el cuerpo mucho antes de que existieran los conocimientos científicos actuales y que esas experiencias constituyen una parte importante de nuestra historia sanitaria y cultural.
Escuchar a quienes saben
Hay conocimientos que no nacieron en un laboratorio ni fueron escritos primero en un libro, se aprendieron observando a la naturaleza, escuchando a los mayores y poniendo atención a las señales del cuerpo y, por esa razón, el empacho forma parte de esa memoria colectiva que aún vive en millones de hogares mexicanos.
Reconocer ese legado no implica aceptar sin cuestionamiento todas las prácticas tradicionales, del mismo modo que tampoco significa descalificar aquello que durante siglos ha acompañado el cuidado cotidiano de las familias. Escuchar a quienes saben también es reconocer que la experiencia, cuando se transmite con responsabilidad y dialoga con el conocimiento científico, enriquece nuestra comprensión de la salud.
Botiquín de la tierra
Manzanilla (Matricaria chamomilla)
Pocas plantas medicinales son tan conocidas en México como la manzanilla cuyas flores, de aroma suave y agradable, han acompañado durante generaciones el tratamiento de molestias digestivas leves, cólicos, sensación de pesadez e inflamación estomacal.

Diversos estudios han identificado en ella compuestos como flavonoides —reconocidos como fitonutrientes y pigmentos vegetales que aportan colores vivos a frutas, verduras y flores— y aceites esenciales asociados con efectos antiinflamatorios, antiespasmódicos y digestivos, lo que explica parte de los beneficios que tradicionalmente le atribuye la herbolaria.
¿Cómo se prepara?
La forma más común consiste en elaborar una infusión con una o dos cucharaditas de flores secas en una taza de agua recién hervida. Se deja reposar entre cinco y diez minutos antes de colarla y consumirla.
Sabiduría popular
En muchas familias mexicanas se dice que “una taza de manzanilla calma el estómago y también el ánimo”, quizá por ello suele ser una de las primeras infusiones que las abuelas preparan cuando alguien presenta molestias digestivas o necesita un momento de descanso.
Importante
Aunque la manzanilla es una de las plantas medicinales más utilizadas y estudiadas, puede provocar reacciones alérgicas en personas sensibles a especies de la familia de las asteráceas y también interactuar con algunos medicamentos. Como cualquier recurso terapéutico, conviene utilizarla con moderación y consultar a un profesional de la salud cuando los síntomas sean intensos, persistentes o recurrentes.

Consulta más contenido en nuestro portal Leea Estrategias Corporativas

