Por Ariadna Cantarell
El Códice Azcatitlan estará en exhibición en el Museo de Antropología e Historia ubicado en el bosque de Chapultepec de la CDMX.
El Códice Azcatitlan, que conserva en imágenes la memoria de la migración mexica desde Aztlán, el establecimiento de México-Tenochtitlan, la sucesión de sus gobernantes y los primeros años de la conquista, se exhibe desde este 17 de septiembre en el Museo Nacional de Antropología e Historia. Su regreso es temporal: permanecerá en México hasta el 31 de diciembre, como parte de un intercambio cultural con Francia por los 200 años de relaciones diplomáticas entre ambos países.
Hay algo particularmente significativo en el viaje de este manuscrito y es el hecho de que El Azcatitlan cuenta una historia de desplazamiento y, con el paso de los siglos, terminó convirtiéndose él mismo en un objeto viajero. Sus páginas fueron elaboradas en el Valle de México después de la conquista, conservaron la memoria de un pueblo y posteriormente salieron del territorio donde transcurre buena parte de la historia que narran. En 1840 cruzaron el Atlántico rumbo a Francia y ahora, casi dos siglos después, vuelven a encontrarse en su territorio de origen.
El documento pertenece a un periodo de profunda transformación mostrando que no es un códice prehispánico producido antes de la llegada de los españoles, sino una obra elaborada en la sociedad indígena de los primeros tiempos coloniales. Su escritura combina pictogramas de tradición mesoamericana con elementos incorporados durante el periodo virreinal, entre ellos el uso de papel europeo y algunas palabras en castellano. Esa mezcla permite observar cómo la memoria histórica mexica continuó siendo registrada después de la caída de Tenochtitlan.
Sus páginas siguen el recorrido de los mexicas desde Aztlán y registran los lugares de su peregrinación hasta su establecimiento en el Valle de México, para después dar espacio a la aparición de los gobernantes de México-Tenochtitlan y, más adelante, la llegada de los españoles, la conquista y el comienzo de la evangelización. El relato abarca alrededor de cinco siglos de historia y convierte al manuscrito en una fuente excepcional para aproximarse a la manera en que la historia mexica fue representada en el periodo colonial temprano.
El Azcatitlan está compuesto por 25 folios, aunque sus dos sistemas históricos de numeración registran 50 páginas; además, se han identificado seis páginas faltantes, aunque la investigación sobre el documento ha permitido seguir algunas de sus marcas de procedencia y reconstruir parte de su recorrido entre colecciones y ausencias documentales.
Uno de los primeros registros conocidos del manuscrito se encuentra en el inventario de Lorenzo Boturini Benaduci, historiador italiano que llegó a la Nueva España en el siglo XVIII y reunió una de las colecciones más importantes de documentos indígenas, quien describió, en su catálogo un “mapa en papel europeo de 25 fojas” que explicaba la historia mexicana, la llegada de sus pueblos,el arribo de los españoles y la predicación del Evangelio. Aquella descripción es considerada el primer registro formal conocido del documento que hoy llamamos Códice Azcatitlan.

La colección de Boturini tuvo después una historia accidentada, debido a que, tras su arresto y deportación, sus documentos fueron confiscados por las autoridades virreinales y terminaron dispersándose; aunque décadas más tarde, una parte de ese acervo llegó a manos del investigador francés Joseph Marius Alexis Aubin, quien reunió numerosos manuscritos indígenas y los trasladó a Francia en 1840. Entre esos documentos se encontraba el Azcatitlan.
Aubin vendió su colección en 1889 al coleccionista franco-mexicano Eugène Goupil. A la muerte de Goupil, su viuda donó el acervo a la Biblioteca Nacional de Francia, donde el códice quedó incorporado a las colecciones públicas de esa institución. La propia Biblioteca Nacional de Francia reconoce que el manuscrito llegó a Francia en 1840 y fue legado a la institución en 1898.
Durante todo ese tiempo, el códice siguió contando una historia mexicana desde otro territorio, conservando en sus páginas los caminos de los mexicas, sus gobernantes y los acontecimientos que transformaron su mundo, mientras el manuscrito permanecía lejos del lugar que aparece representado en sus imágenes.
El regreso de 2026 es resultado de una colaboración cultural entre México y Francia que hace posible que el Azcatitlan se presente en el Museo Nacional de Antropología. Por su parte, México prestará a Francia el Códice Boturini, que será exhibido en la Biblioteca Nacional de Francia y cuyo intercambio forma parte de las actividades por los 200 años de relaciones diplomáticas entre ambos países.
La exposición mexicana permanecerá abierta hasta el 31 de diciembre. El original puede contemplarse bajo condiciones especiales de conservación, en un montaje que permite observar sus páginas como un libro abierto. Para quienes conocen la historia de Tenochtitlan a través de reproducciones, estudios y fotografías, la presencia física del documento introduce otra dimensión: el papel, los colores, las marcas y la continuidad de las imágenes permiten acercarse al objeto que durante generaciones sólo pudo ser consultado lejos de México.
Con el retorno temporal del Azcatitlan, también se vuelve visible una discusión más amplia sobre el patrimonio histórico mexicano que permanece en colecciones extranjeras. En el caso del Azcatitlan existen actualmente gestiones y debates relacionados con su posible restitución, pero el acuerdo de 2026 corresponde a un préstamo temporal, no a una devolución definitiva. La cuestión patrimonial permanece abierta mientras el documento volverá a Francia al terminar la exposición.

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