Por Citlalli Meza
La cripsis es una habilidad que permite a ciertos animales protegerse y ocultarse, pero también les brinda otros beneficios
En la película Predator (1987) un extranjero acecha a sus presas ocultándose gracias a un camuflaje casi perfecto. Mucho antes de que el director John McTiernan popularizara esta estrategia en la ciencia ficción, el zoólogo y biólogo evolutivo británico Edward Bagnall Poulton ya había definido, en 1886, el término “cryptic coloration” (coloración críptica), como una estrategia de defensa basada en cambios de color que permiten a los animales protegerse de sus depredadores.

Con el tiempo, este fenómeno fue conocido como cripsis, descrita como la capacidad de un organismo para ocultarse mediante la adaptación del color a su entorno, y se ha reconocido como una estrategia con implicaciones evolutivas. Además, se ha documentado que el cambio de color no solo cumple una función de camuflaje, sino también puede contribuir a la comunicación intraespecífica (comunicación que ocurre entre individuos de la misma especie), la regulación térmica o incluso en la búsqueda exitosa de alimento.

Dada su amplia presencia de esta cualidad en el reino animal, la cripsis plantea preguntas importantes, entre ellas: ¿cómo ocurre la modificación de la pigmentación en la piel? El cambio puede producirse a través de mecanismos fisiológicos o morfológicos, algunos de los cuales están regulados por fluctuaciones hormonales que responden a las variaciones del entorno. De forma sorprendente, esta capacidad de modificar el color corporal abarca múltiples clases de vertebrados e invertebrados acuáticos y terrestres, desde reptiles, mamíferos y aves, hasta cefalópodos y artrópodos.
Entre los mecanismos celulares implicados destacan los cromatóforos, células pigmentarias capaces de responder directamente a la luz o a través del sistema visual. Esto permite a los animales modificar su apariencia en diversas escalas del tiempo. El cambio de color es una forma notable de plasticidad fenotípica (es decir, la cualidad de un organismo para modificar sus características físicas en respuesta al entorno), y puede ocurrir a diferentes velocidades: desde transformaciones estacionales hasta modificaciones casi instantáneas.
Diversas especies ilustran esta capacidad de manera notable, por ejemplo lo documentado respecto a sepias, calamares y pulpos; especies animales que han demostrado alteraciones rápidas y complejas en su coloración. Por otro lado, camaleones, ranas y peces también presentan cambios de color, en respuesta a estímulos ambientales, aunque con dinámicas más lentas y mecanismos distintos.
Las bases de la mudanza de color, así como sus mecanismos fisiológicos, se han estudiado desde la perspectiva endocrina y celular, lo cual ha permitido identificar tanto las diferencias importantes entre especies como el tiempo en que ocurre el cambio (esto puede ser en segundos, minutos e incluso horas).
Para ello los organismos emplean la dispersión y agregación del pigmento dentro de los cromatóforos (Mac E Bagnara, 1973), cualidad que suele incluir cambios rápidos provocados por la acción neuromuscular de las células, como en los cefalópodos, en vías endocrinas más lentas (tal es el caso de los artrópodos), o una combinación de señales neuronales y endocrinas en algunos peces y reptiles.
Algunos peces como los gobios de roca (Gobius paganellus), cambian de brillo y color en menos de un minuto. Los cangrejos de orilla (Carcinus maenas) modifican su brillo aproximadamente dos horas, volviéndose más oscuros sobre fondo negro o más claros sobre fondo blanco (Duarte et al., 2017). Además, se ha demostrado que la dieta puede influir en la coloración de algunas arañas. Las ranas arbóreas del Pacífico (Hyla regilla) presentan estrategias de camuflaje para afrontar los cambios estacionales.
Durante más de un siglo, numerosas investigaciones se han llevado a cabo para comprender las funciones y los mecanismos del cambio de color. Sin embargo, los procesos implicados y las presiones selectivas que impulsan la evolución de la plasticidad de la pigmentación son complejos y aún no se comprenden del todo (Duarte et al., 2017). Para la comunidad científica, esto presenta una fuente valiosa de nuevas preguntas como: ¿cuáles son los mecanismos del cambio de color en las distintas especies?, ¿qué valor adaptativo aporta y cuáles son sus costos fisiológicos?
Así como el camuflaje del Predator (1987) despertó la fascinación en la cultura popular, la capacidad de los animales para cambiar de color continúa generando asombro en la comunidad científica. La cripsis revela la complejidad en las interacciones entre los organismos y su ambiente. Esto incluye rutas aún poco conocidas, cuyos procesos juegan un papel fundamental en la adaptación y supervivencia animal. A pesar de los avances sustanciales, todavía queda mucho por comprender, lo que convierte a este fenómeno en una valiosa fuente de interrogantes para la ecología, fisiología y evolución.
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