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Los nuevos centros de poder digital

Por Ariadna Cantarell

La infraestructura industrial necesaria para el impulso de la inteligencia artificial ha multiplicado la inversión en centros de datos inmensos.

La inteligencia artificial (IA) suele aparecer ante el público como una conversación sobre modelos, aplicaciones y asistentes capaces de escribir, programar o generar imágenes, pero detrás de cada una de esas funciones existe una infraestructura física de dimensiones industriales: edificios llenos de servidores, redes de alta capacidad, procesadores especializados, sistemas de refrigeración, almacenamiento y enormes cantidades de electricidad.

Dicho en otros términos, la economía digital tiene una geografía concreta y, en este momento, esa geografía se está expandiendo a una velocidad que está modificando el mercado energético, inmobiliario, financiero y tecnológico. 

Grandes proveedores capaces de operar infraestructura de cómputo a escala global, los llamados hyperscalers, encabezan esa expansión. Para ser más concretos, Amazon Web Services, Microsoft Azure, Google Cloud, Meta y Oracle están destinando cantidades extraordinarias de capital a centros de datos porque la inteligencia artificial exige una capacidad de procesamiento muy superior a la que requerían buena parte de las aplicaciones tradicionales de internet.

Un análisis de S&P Global Ratings, publicado en mayo de 2026, estima que las cinco compañías destinarán alrededor de 750 mil millones de dólares a inversión de capital durante este año, equivalente a 38% de sus ingresos; magnitud que permite tener una idea del cambio: la infraestructura necesaria para sostener la nueva economía digital ya compite por recursos financieros con algunos de los grandes proyectos industriales del mundo.

TrendForce ofrece otra medida de esa carrera, pues para 2026 coloca en más de 710 mil millones de dólares el gasto de capital conjunto de ocho grandes proveedores de servicios en la nube: Google, AWS, Meta, Microsoft, Oracle, Tencent, Alibaba y Baidu.

El crecimiento proyectado frente a 2025 es de aproximadamente 61%, impulsado por la adquisición de servidores para inteligencia artificial y por el desarrollo de procesadores especializados, incluidos los llamados ASIC (chips de computadora), diseñados para determinadas cargas de trabajo.

Es importante poner atención en algunas reglas, por ejemplo, un centro de datos puede construirse en dos o tres años, pero llevar electricidad suficiente hasta el lugar requiere planificación, permisos, líneas de transmisión, subestaciones y obras que pueden tardar mucho más. Veamos algunos datos particulares: la Agencia Internacional de Energía (IEA) calcula que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos pasaría de 460 teravatios-hora en 2024 a superar los 1,000 TWh en 2030, en su escenario base para el suministro energético asociado a la inteligencia artificial. 

En otra estimación de la misma agencia, el consumo eléctrico de los centros de datos prácticamente se duplicaría hasta unos 945 TWh en 2030, lo que representaría cerca de 3% de la demanda mundial de electricidad.

Semejante cifra adquiere una realidad alternativa cuando se observa dónde está el cuello de botella, pues el problema ya no consiste solamente en conseguir terrenos para levantar edificios, sino que la disponibilidad de energía se ha convertido en uno de los principales factores que determinan dónde puede crecer la infraestructura digital.

CBRE, firma internacional especializada en bienes raíces comerciales e infraestructura inmobiliaria que se caracteriza, además, por analizar el mercado mundial de centros de datos y sus condiciones de oferta, demanda e inversión, reportó en junio de 2026 que la capacidad mundial instalada en los 16 principales mercados de centros de datos llegó a 16 gigavatios en el primer trimestre del año, 25% más que un año antes, pero la vacancia promedio cayó de 8.3% a 6.7%.

Centros de datos, estructuras de poder.
Centro de datos de Microsoft en Wisconsin. Imagen: Microsoft.

En algunos mercados estadounidenses, la disponibilidad es todavía menor: Northern Virginia registró una vacancia de apenas 0.3% y Dallas-Fort Worth de 1.8%.

Sin duda, la demanda asociada con despliegues de inteligencia artificial está absorbiendo buena parte de la nueva capacidad, antes incluso de que llegue al mercado; tan esa así que ese fenómeno está modificando incluso la arquitectura de los centros de datos, en un contexto en que los sistemas de IA requieren concentraciones de procesamiento mucho mayores que las cargas convencionales, lo que obliga a utilizar racks de mayor densidad y sistemas de refrigeración más sofisticados. 

CBRE señala que algunos campus de hiperescala actualmente en construcción contemplan más de un gigavatio de capacidad en un solo sitio, escala que transforma al centro de datos en una instalación comparable, por su demanda energética, con grandes complejos industriales.

El dinero comienza a seguir el recurso escaso. La encuesta de inversión de CBRE correspondiente a 2025 encontró que 95% de los 92 inversionistas institucionales consultados planeaba incrementar sus inversiones en centros de datos durante ese año, mientras 41% tenía previsto destinar al menos 500 millones de dólares al sector. 

Entre los riesgos identificados, la disponibilidad de energía ocupó el primer lugar, una señal de que construir más capacidad de cómputo depende cada vez menos de encontrar terrenos y cada vez más de contar con electricidad suficiente para ponerla en operación.

Esa condición está modificando la naturaleza misma del negocio, quedando claro que un centro de datos ya no puede entenderse únicamente como un activo inmobiliario especializado; su valor depende de una combinación de terreno, conectividad, electricidad, permisos y capacidad tecnológica. La infraestructura digital empieza así a competir por los mismos recursos que requieren otras actividades industriales y, en algunos mercados, la disponibilidad de energía se convierte en el factor que determina dónde puede crecer la economía digital.

México ya forma parte de esa transformación y Querétaro se ha convertido en uno de sus puntos más relevantes; tanto así que, de nuevo CBRE, reportó que en el primer trimestre de 2026 la capacidad instalada de centros de datos en Querétaro alcanzó 298.2 megavatios, un incremento interanual de 450.2%, el mayor crecimiento entre los principales mercados latinoamericanos analizados por la firma. 

El estado se colocó por debajo de São Paulo, pero por encima de Santiago y Bogotá en capacidad instalada, y concentró 213 megavatios de absorción neta durante el trimestre. La ubicación dentro del principal corredor industrial del país y la conexión con rutas de fibra hacia América del Norte explican parte de su atractivo; la disponibilidad de energía, en cambio, aparece como uno de los desafíos para sostener el crecimiento.

La llegada de los grandes proveedores confirma la dimensión de la apuesta: Microsoft puso en operación en 2024 su región México Central, con tres nodos de centros de datos en Querétaro, y destacó entre sus objetivos la reducción de latencia, la residencia de datos y el acceso local a servicios de nube.

Amazon Web Services lanzó en enero de 2025 su región México Central, también con tres zonas de disponibilidad, y comprometió una inversión superior a 5 mil millones de dólares durante 15 años; AWS estima que la infraestructura respaldará más de 7 mil empleos de tiempo completo anuales y aportará alrededor de 10 mil millones de dólares al PIB mexicano durante ese periodo.

Como puede imaginarse, la expansión no termina con los hyperscalers, en septiembre de 2025, el gobierno mexicano anunció una inversión de 4,800 millones de dólares de CloudHQ para construir seis centros de datos en Querétaro, sobre 52 hectáreas, con una previsión de 7,200 empleos altamente calificados durante la construcción y 900 puestos permanentes una vez terminados los proyectos. El anuncio también incorporó una característica relevante para el debate ambiental: los centros utilizarán sistemas de refrigeración sin agua.

Centro de datos de Amazon en Indiana. Imagen: The New York Times.

El caso mexicano muestra por qué los centros de datos deben analizarse como parte de una política industrial y no solamente como inversiones inmobiliarias, considerando que cada instalación demanda electricidad, fibra óptica, seguridad, mantenimiento, sistemas de enfriamiento, equipos de red, servidores, almacenamiento y servicios especializados; también necesita ingenieros, técnicos, operadores, integradores y proveedores capaces de mantenerla disponible las 24 horas. 

La construcción de un centro de datos puede generar una inversión multimillonaria, pero su verdadero impacto económico depende de cuánto valor local consigue incorporar alrededor de esa infraestructura.

Ahí aparece una oportunidad para el ecosistema tecnológico mexicano, porque la expansión de los centros de datos aumenta la demanda de integradores, proveedores de servicios administrados, especialistas en ciberseguridad, conectividad, almacenamiento, respaldo, energía, automatización y refrigeración; además de talento capaz de operar infraestructuras de alta densidad y cargas de inteligencia artificial.

El canal tecnológico adquiere una función cada vez más estratégica porque la infraestructura no termina en el edificio: necesita una red permanente de empresas que instalen, configuren, protejan, actualicen y administren los sistemas.

Para construir capacidad de cómputo empieza la carrera contra el tiempo, debido a que también está modificando la relación entre tecnología y energía. La IEA estima que, entre 2024 y 2030, las fuentes renovables cubrirán cerca de la mitad del crecimiento de la demanda eléctrica de los centros de datos en el mundo, impulsadas principalmente por la expansión de la energía solar y eólica. 

El gas natural y el carbón aportarán conjuntamente más de 40% de la electricidad adicional requerida durante ese periodo, mientras la energía nuclear comenzará a ganar espacio hacia el final de la década, especialmente con el desarrollo de pequeños reactores modulares. La estimación forma parte del informe Energy and AI, publicado por la IEA en abril de 2025, dedicado a analizar el impacto energético de la expansión de la inteligencia artificial.

Así las cosas, el nuevo centro de poder tecnológico no tiene la apariencia de una plataforma digital, se encuentra detrás de muros industriales, conectado a líneas de alta tensión y redes de fibra, rodeado de sistemas de refrigeración y poblado por miles de procesadores.

Su importancia crece, entre otras cosas, porque casi nadie lo ve. Cada consulta a un modelo de inteligencia artificial, cada operación en la nube y cada servicio digital dependen de esa infraestructura, cuyo costo económico y energético aumenta conforme crece la demanda.

Sin duda, la siguiente etapa de la economía digital se decidirá en lugares mucho menos abstractos que una pantalla, en un escenario donde terrenos, electricidad, agua, fibra óptica, chips, capital y talento forman la nueva infraestructura sobre la que se construye la IA. México ya está dentro de esa carrera y Querétaro ocupa una posición destacada, pero el verdadero desafío será convertir la llegada de infraestructura extranjera en capacidades nacionales, proveedores especializados y conocimiento tecnológico. 

Tener centros de datos puede convertir a un país en un nodo digital; desarrollar alrededor de ellos una industria propia puede convertirlo en un participante de la economía que esos centros están haciendo posible.

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