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Del Estrecho de Ormuz a la economía global

El conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel centrado en Ormuz, ha comenzado a escalar al plano económico internacional.

Una crisis regional que comienza a transformarse en un problema mundial

Por Jessica Chaparro y Stephanie Ramírez

El conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel centrado en Ormuz, ha comenzado a escalar al plano económico internacional.

Hace apenas dos semanas, en este mismo espacio, advertimos que las crecientes tensiones entre Irán, Estados Unidos e Israel comenzaban a proyectar riesgos que trascendían ampliamente el ámbito militar o diplomático, porque en aquel momento, el foco de atención se concentraba en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el comercio energético mundial y un punto estratégico cuya eventual alteración podría generar efectos sobre los mercados internacionales.

Hoy, la preocupación ya no se encuentra únicamente en el terreno de las hipótesis, pues durante los últimos días la combinación de enfrentamientos militares, las dificultades para reactivar las negociaciones entre Washington y Teherán, las restricciones persistentes al tránsito marítimo y las nuevas amenazas de represalias han provocado un incremento en los niveles de incertidumbre económica internacional que llevó a que los mercados energéticos reaccionaran con volatilidad y los precios internacionales del petróleo continuaran mostrando presiones alcistas ante la posibilidad de que las interrupciones en la región se prolonguen durante los próximos meses.

Ahora, el problema es que la discusión ya no gira únicamente alrededor de una confrontación regional como se puede observar, pues diversos organismos especializados y analistas energéticos advierten que el mundo comienza a enfrentar un escenario muy delicado, mientras el conflicto se prolonga, los inventarios globales de petróleo muestran señales de reducción acelerada y los márgenes de maniobra para amortiguar nuevas interrupciones del suministro comienzan a estrecharse.

La Administración de Información Energética de Estados Unidos advirtió hace muy poco que las reservas petroleras internacionales podrían descender hacia niveles históricamente bajos como consecuencia de las afectaciones a la producción y al transporte energético vinculadas con la crisis en Oriente Medio.

Ese dato adquiere una relevancia particular porque la economía mundial llega a este episodio en condiciones muy distintas a las observadas durante otras crisis energéticas recientes.

A diferencia de lo ocurrido durante la pandemia o incluso durante la invasión rusa a Ucrania, los mercados internacionales enfrentan actualmente una combinación compleja de desaceleración económica, tensiones comerciales, endeudamiento público elevado y persistentes presiones inflacionarias; en otras palabras, el margen para absorber nuevos incrementos sostenidos en los costos energéticos parece mucho más reducido.

Los efectos del conflicto en Irán comienzan a repercutir en el mercado energético mundial. Foto: Yahoo Noticias.

No resulta casual, por ello, que diversas instituciones financieras y consultoras internacionales hayan comenzado a revisar sus previsiones sobre crecimiento económico e inflación, y que algunas estimaciones consideran posible que el petróleo se mantenga alrededor o incluso por encima de los cien dólares por barril si las restricciones en el Golfo Pérsico persisten y las negociaciones diplomáticas continúan estancadas.

La dimensión geopolítica tampoco puede separarse del fenómeno económico, porque, aunque el conflicto mantiene componentes militares evidentes, en el fondo también refleja una disputa más amplia relacionada con la seguridad energética, la influencia regional y la configuración futura del orden internacional. Así, el programa nuclear iraní, la presencia militar estadounidense en la región, las alianzas estratégicas de Israel y los intereses energéticos de potencias como China, India o la Unión Europea convergen en un escenario donde cada decisión posee repercusiones que van mucho más allá de las fronteras de Oriente Medio.

Observemos además que el impacto potencial no se limita al petróleo, por el Estrecho de Ormuz circula, en promedio, una quinta parte de los flujos energéticos mundiales, incluyendo petróleo y gas natural licuado; lo que implica que cualquier restricción prolongada afecta cadenas logísticas, costos de transporte, producción industrial y expectativas de inversión en múltiples regiones del planeta.

Precisamente por ello, algunos especialistas han comenzado a describir la situación como uno de los mayores desafíos contemporáneos para la seguridad energética internacional que lleva también la mirada a América Latina, donde el fenómeno tampoco resulta distante.

Aunque la región presenta realidades energéticas diversas, un escenario prolongado de precios elevados podría traducirse en mayores costos de transporte, presiones inflacionarias y desafíos adicionales para economías que aún enfrentan procesos de ajuste fiscal y recuperación económica; sin embargo, quizá el aspecto más revelador de todo este episodio no radique exclusivamente en la evolución de los precios energéticos, porque lo que comienza a hacerse visible es algo más profundo: la creciente dificultad del sistema internacional para contener conflictos regionales antes de que éstos produzcan efectos económicos globales.

Durante décadas, las crisis geopolíticas podían analizarse como fenómenos relativamente localizados, pero hoy, en cambio, la interdependencia económica, financiera y tecnológica provoca que una confrontación ocurrida a miles de kilómetros de distancia pueda afectar precios, inversiones, cadenas de suministro y expectativas de crecimiento prácticamente en cualquier región del planeta.

Sí, la discusión de fondo ya no radica solo en la duración o intensidad de las tensiones entre Irán, Estados Unidos e Israel; comienza a hacerse evidente la creciente vulnerabilidad de una economía mundial profundamente interconectada frente a conflictos regionales capaces de alterar, al mismo tiempo, los mercados energéticos, las cadenas globales de suministro y las expectativas de crecimiento económico. Luego entonces, mientras las disputas geopolíticas adquieren una dimensión cada vez más compleja, los mecanismos internacionales diseñados para contenerlas continúan mostrando limitaciones que podrían resultar cada vez más costosas para la estabilidad global.

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